Pradera es el penúltimo municipio al sur del Valle del Cauca. Tiene 50.000 habitantes y desde el mes de septiembre un contingente aproximado de 700 soldados de la fuerza pública colombiana completa el panorama poblacional. Es “Seguridad Democrática” de Uribe Vélez. Es (santa) “consolidación”. “Acción integral”. Pradera es centro urbano rodeado de cordilleras y de ingenios de caña de azúcar. Economía de etanol por 10.000 pesos diarios (unos 4 euros) la mano de obra, propiedad de familias colombianas made in Miami. Ingenio-so Ardilla Lulle sintonizando el Valle a través de RCN Televisión. Invita la casa.
| Papeletas del "Plan Consolidación" repartidas por el Ejército colombiano a la población de Pradera |
También es consolidación la construcción de una carretera de 300 metros en el corregimiento del Líbano, comunidad campesina a dos kilómetro del centro urbano de Pradera, a medio camino entre el Puente de Potrerito y la comunidad indígena de La Fría. La carretera comenzó a construirse en los últimos días del mes de septiembre y desde entonces los combates entre el Ejército y la guerrilla son diarios. La obra es “ley de Seguridad Ciudadana”. Es “red de cooperantes” contra la insurgencia. Es TLC. Minas de oro, petróleo, carbón y uranio vírgenes en la cima de estas montañas. 5 millones de hectáreas colombianas concedidas a empresas transnacionales mineras. Es la construcción militar de una infraestructura (supuestamente) civil con consecuencias lógicas en un país en guerra: más guerra.
El Batallón de Ingenieros número 3 Agustín Codazzi es el encargado de ejecutar las obras de la carretera. Por su seguridad vela la Brigada Móvil número 20. La misma que capitaneó el famoso coronel Jairo López, hoy Agregado de Defensa en la Embajada de Brasil, en el año 2009 en las regiones de Buga y Sevilla (en el mismo departamento del Valle del Cauca). López fue aquél que Colombia y Lulle escucharon certero en RCN: “No nos vamos hasta que no tengamos el cadáver de Cano y Pablo Catatumbo”. No hicieron falta sus cabezas para marcharse, sí tres centrales hidroeléctricas de Unión Fenosa. Impuestos públicos de élite para privados españoles.
Yuce significa “remedio” en Naza. Yuce tiene dos años y juega con un camión mientras su abuelo Luis Ángel me cuenta la historia de los últimos tres meses. Es historia de aviones que sobrevuelan antes de dormir y despertar, de desplazados que deciden volver porque si no, no hay nada. Historia de bombas que acompañan el desayuno mientras Yuce pide más agua de panela y nadie habla de nada más. De balas que te tiran al suelo y te cierran los ojos una, dos, o tres horas. Pero en Pradera “no hay combates. Se trata de estrategias de entrenamiento militar” asegura el Coronel Blanco, jefe del contingente.
| Yuce |
Hablamos de la estigmatización. De las fotografías, del seguimiento, de conducir por la carretera alternativa para llegar a casa. “De un gobierno ciego, sordo y mudo”. De un pacto con el Ejército para parar las obras de una vía que Pradera quiere que se haga, pero no de uniforme verde camuflaje. El pacto se cumple en octubre y las máquinas dejan de sonar hasta el día 30 de este mes. Al día siguiente ya no hay votos que contar. Se puede volver a meter la primera en las retros y arrancar, soldados.
Luis Ángel es padre de cinco hijos. Con tres de ellos y con su mujer, Rosa, vive en una casa de madera en la comunidad de La Fría, a 1900 metros de altitud sobre el nivel del mar y de la plaza principal sin nombre propio conocido de Pradera. La Fría forma parte del resguardo indígena Kwet Wala Mpio desde hace veintiséis años. Sus antepasados no son tan jóvenes, son milenarios y mucho más. El resguardo lo conforman 77 familias “Naza”, un número muy inferior al de hace doce años, cuando el censo contabilizaba 217.
| Comunidad La Fría |
Su territorio suma 1200 hectáreas de las cuales el 75% es área protegida y el resto se dedica a la explotación agrícola y ganadera. El fin de semana transcurre con normalidad: helicópteros, recoger leña para el desayuno, llamadas de teléfono sin cobertura, tres indios detenidos por “parecido sospechoso con guerrilleros de las FARC”. Normalidad. Normalización. Eco…coo, co, co. Vacío.
| Luis Ángel y su familia en la puerta de su casa. |
Cenamos san cocho de gallina sin luz y sin hablar. Sin luz porque no hay y sin hablar porque escuchamos otras cosas que importan más. O que dicen más. Son los ruidos verde camuflaje en bases de “entrenamiento militar”. Luis Ángel prepara la bolsa para mambear coca. También lo hacemos en silencio y con riguroso protocolo: trago de aguardiente, permiso a dios, o Tay Wala, mascar, sabor amargo, escupir, seguir mascando y fumar un Piel Roja. Negro. Sin filtro. Hablamos del desarrollo subdesarrollado, de la nube que enfrentaba la casa y se fue mientras soplábamos escupiendo, de Madrid, de las luces que serpentean Cali en el horizonte, ajenas a las hélices de los Blackhawks.