viernes, 2 de diciembre de 2011

Suspiros de cambio (¿hacia...?)


“Que paren el mundo, que yo me bajo”. Palabras de la niña adulta más famosa de Quino. Irreverente. Como Caracas estos días. Que no para, más bien al contrario. Los que paran son sus trabajadores públicos, a los que Chávez ha dado hoy el día libre. La ciudad, habitualmente llena de colas de coches que tardan horas en llegar al trabajo intenta liberarse para recibir a los 33 presidentes latinoamericanos que se reúnen estos días en la capital venezolana. Es fácil ir en carro en un país en el que llenar el depósito cuesta 40 céntimos de Euro…mucho menos que el presupuesto destinado a la reunión de la CELAC (Confederación de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que prevé gastar cien millones de Bolívares Fuertes (unos 25 millones de dólares) de las arcas públicas venezolanas, el triple del presupuesto anual destinado para las Fuerzas Armadas del país que habitualmente se lleva la mejor porción: el 60% del total.  La cita tiene lugar hoy y mañana en Caracas. 

La idea de la CELAC nació a principios de 2010 en Cancún (México) tras la Cumbre del Grupo de Río. Se trata de una iniciativa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para “ampliar la trascendencia indiscutible de la ALBA” y para “dejar atrás a la vieja y desgastada Organización de Estados Americanos (OEA)”.  Durante estos dos días la idea tratará de cobrar forma. 

A Caracas no están invitados ni EE.UU ni Canadá. Críticas. Pero los críticos no hablan de otras cosas, de un poco de historia. No hablan de 1962 y de la decisión unilateral estadounidense de dejar fuera de la OEA a Cuba, no hablan del magnicida Plan Cóndor ni de la crisis de Bolivia del año 2008, solucionada por los países de América Latina y por nadie más. 

Cuadro-regalo de Hugo Chávez ("pintado por él mismo") a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ayer en Miraflores.

 Aunque la cita oficial no empieza hasta hoy, durante toda la semana han comenzado a desfilar los presidentes y cancilleres por la ciudad. Grandes comitivas de ministros, asesores, delegados, guardaespaldas…trajes oscuros, coches Mercedes Benz  con cristales off, corbatas y walki talkies amparados por más de 10.000 efectivos de seguridad venezolanos que velarán estos días para que todo transcurra con normalidad… Eso, normalidad a-segurada,  a pesar de la convocatoria de protesta para esta tarde, cacerola en mano, por parte de la oposición y a pesar de una tasa de homicidios oficial (48 por cada 100.000 habitantes) que coloca al país caribeño entre los tres más violentos de Iberoamérica.

El mandatario más tempranero fue Juan Manuel Santos, que vino, se fue y ha vuelto. Vino en visita express el lunes y se reunió con Chávez en Miraflores para tratar “asuntos de importancia bilateral”. Gloriosos acuerdos de Santa Marta, bautizo de la época post-Uribe… Principio de escepticismo ciudadano y gestos origen de debates en corrillos dentro de una y otra frontera. 

Santos llegó al palacio presidencial subido en una camioneta blanca FORD EXPLORER. La última vez lo hizo en un BMW oscuro y él y Chávez condujeron por el centro de Caracas. El lunes había premura y cambiaron el volante por sendos himnos nacionales que sonaron oficialistas tras el apretón de manos de rigor. A Santos lo esperaba el presidente venezolano con un traje Lanvin de 20.0000 dólares y una corbata roja de seda en el patio principal de Miraflores. Las fotos de los periodistas sacaban las ventanas de historia de un Palacio disparado en el 2002. Agujeros que no se cambian.

La jornada fue árida, aburrida y decepcionante. Un día entero dentro de Miraflores da para cultivar la amistad con periodistas de todos los continentes y para desengañarte tras las entrevista de dos presidentes con una historia cargada de antecedentes delicados. El día anterior prometieron “tratar todos los temas álgidos” que incumben a sus países y la expectación era máxima en la sala de prensa. Sin duda, había mucha actualidad por la que preguntar: Timochenko, guerrilla, conflicto, paramilitares, últimos fusilados en Colombia, biografía no autorizada sobre Uribe y el narcotráfico, tejes y manejes gubernamentales. En definitiva, multitud de cuestiones interesantes y necesarias que se ahogaron en un eterno sinfín de firmas que autorizaban tratados de libre comercio que no se llegaron a explicar… Y no se explicaron porque preguntas, no hubo. Prometieron cuatro y se formaron corrillos de periodistas intentando priorizar la selección. Falsa alarma. Ya es tarde. A casa sin respuestas. 

Santos y Chávez el pasado lunes en Miraflores.

 De lo que sí se habló (sólo de forma oficialista tras la mesa principal de la Sala Ayacucho y bajo el cuadro estandarte de Simón Bolívar) fue de la detención de Maximiliano Bonilla, “el Valenciano”, jefe de Los Paisas, “uno de los narcotraficantes más buscados de Colombia”. EE.UU ofrecía 5 millones de dólares por su cabeza y las fuerzas de seguridad venezolanas lo detuvieron la noche anterior a la cita con Santos en Maracay, en el Estado Aragua.  La noche anterior. Coincidencias, o “felices coincidencias” como señaló el presidente venezolano. 

Ambos mandatarios dedicaron  gran parte de sus respectivas intervenciones en agradecerse mutuamente su colaboración contra el “terrorismo y el narcotráfico”. Chávez se esmeró en repetir varias veces: “No vamos a permitir la violación de nuestra soberanía por ningún grupo ni por ningún personaje como este. Hacemos todo lo que está en nuestra mano para que desde Venezuela  no se conspire contra Colombia” Y metió en el saco todos los puntos calientes: “narcotráfico, guerrilla, grupos paramilitares, terroristas”.

“Narcoterrorista” es desde hace casi tres meses Amílcar Figueroa, ex presidente del Parlamento Latinoamericano y ex diputado del PSUV en la Asamblea Nacional de Venezuela.  O al menos así lo decidió el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro de EE.UU que en septiembre incluyó en su “lista negra” a Figueroa (por el cual ofrecían 500.000 dólares) y a tres venezolanos más relacionados con el gobierno de Chávez. Los medios de comunicación iberoamericanos comenzaron a sacar sus fotos en sus informativos de televisión y a hablar de ellos como “poderosos chavistas, nuevos capos de la droga”. Pero de ellos no hablaron con los periodistas Santos ni Chávez como tampoco lo hicieron de Julián Conrado, guerrillero de las FARC detenido desde hace seis meses en los calabozos de la Dirección General de Inteligencia Militar de Caracas, esperando en stand by  extradición o asilo político.

Cuando comencé a preparar la entrevista con Figueroa me di cuenta de que era un asunto delicado. Sus intermediarios te piden que no menciones su nombre por teléfono. Pinchazos. Y las conversaciones siempre son breves. La entrevista se hace en un lugar privado, una editorial donde ahora trabaja el ex diputado, y la privacidad brilla por su ausencia. Preguntas y respuestas escuchadas por tres o cuatro “asesores” que lo acompañan a todas partes. 

Su historia se remonta al año 2009, cuando un juez colombiano ordenó su detención acusándole de varios delitos que lo relacionaban con las FARC siendo aún presidente del Parlatino: “financiación del terrorismo, entrenamiento de grupos ilegales y delitos con fines de secuestro”.  Colombia lo colocó en primera línea de la polémica, catalogándolo como “uno de los principales contactos en Venezuela con los jefes guerrilleros”. La causa se archivó por falta de pruebas. 

Lo que no se archivó fue la “Circular Azul” emitida por la Interpol. Ubicación controlada permanentemente: stop in Venezuela antes y ahora. Fronteras muy bien señaladas para este político con vocación de escritor que alega estar convencido de que quien le ha señalado son “Estados que proceden de forma gansteril y no respetan el Derecho Internacional. Estados que no van contra mí sino contra el proyecto político de Venezuela”.

Amílcar Figueroa.

Amílcar Figueroa militó en el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) durante los años de la guerrilla. “¿Y en algún otro grupo, dentro o fuera de tu país?”, “No”.
Le pregunto cuál es su relación con las FARC.  Sonríe y muestra sus incisivos levemente separados que le dan cierto aspecto de roedor bonachón. Imagino a Jerry Mouse traficando con droga y casi me rio en mitad de una entrevista seria.  Su respuesta es aséptica y ambigua: 

“Yo no tengo prejuicios, soy un revolucionario que respeta todos los caminos de lucha sin priorizar ninguno en particular. Todo Estado es expresión de una correlación de fuerzas, de una forma de ejercicio de la dominación. Si ese Estado cierra las puertas al desarrollo político democrático no veo por qué estigmatizar a quien le enfrente”. 

Con quien sí tuvo relación y amistad fue con los conformantes de la Unión Patriótica de Colombia en 1985. La UP era el brazo político de las FARC. Murieron casi todos misteriosamente durante los años sucesivos y con ellos murió el proyecto de este partido. 

Figueroa apuesta en el caso del conflicto colombiano “por la solución negociada a través del diálogo” y cree que la muerte de Alfonso Cano “ha sido un golpe muy duro porque él estaba apostando muy fuerte por la solución política”. 

En este sentido, prefiere no hacer una valoración sobre la elección de Timochenko como nuevo jefe de la insurgencia colombiana (“eso son decisiones internas que respeto”) y cree que las acusaciones que pesan sobre Venezuela, país señalado por acoger en su territorio a Iván Márquez, miembro del Secretariado de las FARC y candidato junto a Timochenko para sustituir a Cano, “son un intento de EE.UU y de la inteligencia colombiana de estigmatizar al gobierno de Chávez. Se trata de una campaña mediática”.

La nueva relación de Venezuela con Colombia no pasa inadvertida para nadie. No lo hace para Figueroa ni para los 33 mandatarios latinoamericanos que se están dando cita en Caracas en estos momentos. “¿A qué se debe esta nueva “amistad”? ¿Es interesada?”, pregunto.Y responde:

“El ambiente electoral convulso que ya vive el país y la reunión de la CELAC son las causas. El encuentro de estos días obliga a Chávez (impulsor del mismo) y a Venezuela a mantener una política de consenso con todos los países participantes, algo que no será fácil con el caso de Colombia. Santos viene y firma acuerdos pero nada es gratis. Quiere cosas a cambio y seguramente presionará al gobierno de Venezuela. Se trata de una estrategia non-santa”. Sonríe y yo pienso en los últimos meses: Joaquín Pérez Becerra, Julián Conrado, el “Valenciano”, Amílcar Figueroa.

Este ex diputado y ex presidente de Parlamento ya no tiene inmunidad diplomática. El pasado año hubo elecciones para elegir a los nuevos 165 diputados de la Asamblea Nacional venezolana. Figueroa obtuvo el mayor número de votos pero su nombre no apareció en las listas. Políticas de Estado. O de “un discurso político sin saliva” que cantará Calle 13 mañana para clausurar la Cumbre.

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