martes, 15 de noviembre de 2011

"...como caballo, iguana, pez o mariposa..."





François Makandal fue un esclavo africano. Un guerrero. Un líder rebelde y un recuerdo.  “El recuerdo de la madre patria en el Haiti colonial francés”. Luchó con veneno que extraía de las plantas contra los dueños de las haciendas y contra las autoridades coloniales. Los mismos que le hicieron perder un brazo y le quemaron en una hoguera pública mientras miles de haitianos observaban “cómo Makandal se transformaba en pájaro y comenzaba su vuelo hacia la libertad…”. 

“Después lo vimos reaparecer en Haití convertido en mariposa, en caballo, en iguana…”. Erly Ramírez me termina de contar esta historia que me creo hasta que el desfile de animales empieza a dibujarse inverosímil en mi cabeza y su sonrisa me hace pensar en metáfora (o en fábula) muy bien escogida. Ramírez es actor, dramaturgo, bailarín y el director de la Compañía Makandal, una “escuela experimental de las artes para personas con discapacidad y sin discapacidad” ubicada en Maracay, una ciudad del Estado de Aragua a un par de horas de Caracas.

“Cuando me gradué comencé a trabajar con jóvenes con Síndrome de Down y un día decidí luchar a través de la música, la danza y el teatro por su integración total y absoluta; por la credibilidad de un bailarín con cualquier tipo de discapacidad: sordos, ciegos, down, autistas…Sin lástimas. Un alumno sordomudo puede ser percusionista y otro con déficit cognitivo interpretar a la perfección un texto de García Lorca. Todos ellos salen de aquí convertidos en profesionales”. Me cuenta Erly cuando le pregunto qué es Makandal. 



Cuando llego al número 29 de la calle Coromoto, en la Urbanización Calicanto, hay ambiente de fiesta en el patio de entrada de la Escuela. Mamás, papás, abuelas con “ponquecitos” de chocolate en las manos, niñas vestidas con maillot rosa chicle y decenas de instrumentos apilados bajo la pizarra que cuenta en rotulador azul qué clases tiene el día: Historia del Arte, Francés, Expresión Corporal, Danza Contemporánea, Iluminación y Sonido… Todo, de una a nueve. 

Empieza a llover. Más bochorno. “Caracas es más fresco, ¿no?”, me dice una señora que me adivina forastera y a la que pregunto qué se celebra mientras me ofrece una taza de café guayoyo. “La Escuela está de aniversario”, me dice. “Cumple seis años”. 

Dentro, sentados en el suelo bajo las paredes blancas recién pintadas, hay un grupo de niños que empaca ropa en cajas de cartón y otro que repasa interpretado un texto que desconozco. “Es La Caja de los Sueños”. Erly aparece en el hall para recibirme: “Es un montaje que ha hecho la Escuela para conmemorar su sexto aniversario. La representamos mañana por la tarde en el Ateneo de Maracay…participamos con ochenta alumnos. Una locura onírica acerca de los deseos de cada uno de ellos…”. 

Junto a él aparece Yesidel, una adolescente a la que calculo unos 14 años, y comienzan a hablar en el lenguaje de signos. Yesidel le pregunta a qué hora es el ensayo general del día siguiente. “A las cinco”, responde Ramírez antes de presentarme: “Ella es Esther”. Y me bautiza: después de colocar la letra “E” doblando hacia dentro las falanges de los cinco dedos de su mano derecha, se toca el labio inferior con la izquierda. Ya tengo nombre. Inicial “E” más un rasgo que te caracterice. En mi caso, el piercing, que por aquí tanto llama la atención. “Aunque te lo quitaras, ya te quedarías con ese nombre”, me dice ella.

Y yo me entero de la conversación por la traducción simultánea del profesor. Tengo ganas de hablar con Yesidel y no puedo sin pedir ayuda y tiempo. Me siento incapacitada y absurda bajo un techo donde todo el mundo se entiende y me pregunto si todos los docentes están preparados para cada una de las circunstancias físico-mentales tan diversas con las que se presentan los alumnos. Es decir, ¿todos hablan lenguaje de signos?, ¿todos saben cómo tratar a un niño autista, a otro con parálisis cerebral, a otro que no ve los pasos de baile que dicta el profesor?  Y… ¿todos los alumnos acuden juntos a una misma clase?, ¿hay algún tipo de separación?



“Cada año, antes de que empiece el curso, los profesores hacemos talleres de formación y capacitación para atender todas las necesidades de los chicos. En cualquier caso, previamente, las profesoras especialistas en Educación Especial hacen una evaluación diagnóstica de cada uno de ellos para saber cuáles son sus habilidades potenciales, sus aptitudes, y en base a eso hacemos un plan de actuación. Pero sí. Van todos juntos a clase. Bien mezcladitos- sonríe guiñándome un ojo-. De eso se trata. Por eso somos vanguardia. Es inclusión”, me recuerda Erly.

Makandal tiene 25 profesores y 170 estudiantes desde los dos hasta los cuarenta años.  Lleva funcionando seis años aunque sólo cuatro en la sede de la calle Coromoto. Durante los dos primeros ensayaron en una cancha de tierra hasta que el gobernador Rafael Isea les otorgó la financiación necesaria para alquilar el edificio del número 29. Ahora, el objetivo a largo plazo es crear una Red de Escuelas Makandal que contemplen la misma mecánica que ésta: una carrera de siete años de formación tras la cual, los alumnos puedan entrar a trabajar en diferentes Institutos Culturales del Estado.  Son pioneros y únicos en Venezuela.

Su mayor orgullo se produjo el pasado 20 de Febrero en La Cumbre-Córdoba, Argentina. Allí se celebró el XXXVII Congreso Interamericano de la Danza y la VII Cumbre y Concurso Interamericano y Mundial de la Danza, y por primera vez en la historia, un bailarín con parálisis cerebral participa y obtiene el premio a “Bailarín Revelación” y “Primer premio en Interpretación”. Es Sweendell Tineo, tiene 25 años, y está en el patio de la escuela abriendo la puerta a todos los que llegan para soplar velas Makandal.  “Cuando era un niño, un médico le dijo a su familia que nunca podría caminar. Con él hemos aplicado la técnica Butoh. A través de este tipo de danza que conmemora la búsqueda de un “nuevo cuerpo”, Sweendell ha conseguido su plástica, su interpretación y su puesta en escena”. 

Erly (izq) y Sweendell (dcha)

 Y Sweendell camina. Y se acerca. Y me da un beso. Y nos hacemos una foto que yo le pido con nervios de fan improvisada. Y me habla con el lenguaje de signos porque también es sordo, pero me entiende todo lo que le digo, lleva la iniciativa de la conversación (que yo sigo a través de las manos de Erly) y se acuerda de que ya nos habíamos visto hace un mes en Caracas, cuando le conocí interpretando “ZU” en el Museo Afroamericano.  “No tiene ningún problema cognitivo. Su reto es puro físico”, me aclara Erly con su voz y con sus manos. 

En la clase del fondo suena “La donna e movile” de Giuseppe Verdi. María Alejandra es la profesora de Danza Clásica. Un grupo de diez niños mira sus movimientos en el espejo-pared del aula. 

“Lo que hago para dar clase es partir desde el juego y desde la creatividad de ellos mismos. Quiero que ellos sean. Empiezo con juegos didácticos a los que poco a poco voy incorporando el movimiento, la expresión corporal para la formación dancística”, me explica. 

Maria Alejandra está trabajando con un grupo de nueve bailarinas down entre 18 y 42 años a las que está formando para colocarse en puntas. Hasta el momento sólo hay una bailarina en el mundo con estas características que es capaz de hacerlo, se llama Alicia Favaro y es brasileña. 

“Aunque no lo creas, los down tienen muchísima flexibilidad corporal. Es más, son hiperflexibles. Mucho más que tú y que yo. Lo que hay que trabajar es el peso, el acondicionamiento de las piernas, los tobillos, las rodillas y la coordinación musical. Llevamos un año trabajando con este grupo y creo que podrán estar listas para el próximo curso.  Es un trabajo que les está exigiendo mucha disciplina, una disciplina que les sirve a su vez como terapia ocupacional. Esa es la filosofía de la Escuela”. El grupo ensaya los lunes y los miércoles de tres a cinco de la tarde. Siempre puntuales, y disciplinadas, como un reloj. 



Cuando Makandal cierra sus puertas, subo con Erly, Maria Alejandra y tres profesores más a la azotea a tomar unas cervezas. Seguimos hablando de técnicas. Y de terapias. Y de la fusión entre las necesidades de un discapacitado que exige un tratamiento de fisioterapia, o del lenguaje, con las prácticas de voz, dicción y expresión corporal que ofrecen el teatro y la danza.  Es un ejemplo. Es una mezcla entre lo clínico y lo artístico, lo emocional frente a lo pedagógico, un medio para un fin que termina siendo hiper-reconvertido. Siendo un mucho más, sin tabúes. 

Seguimos tomando cervezas y hablando de cuentos dos o tres horas hasta que algún vecino chista a través de su ventana…

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