domingo, 6 de noviembre de 2011

"Allendiando"




Julián Conrado canta cuando le preguntan por las decisiones de su historia. Por la suya, y por la de Guillermo Enrique Torres, que es, pero no es lo mismo. O es suma: “Yo soy aquel, escuchen bien,  yo soy aquel indisignado/ que fue a la guerra pero porque fue obligado/por la avaricia y la infamia del invasor”.

“Alzado en canto” suena también en la sala de visitas de la Dirección General de Inteligencia Militar de Caracas donde Conrado permanece preso desde hace cinco meses. Lo visitan amigos y familiares y se habla cantando para hablar de política y de todo, porque en aquella sala, junto a los almuerzos envueltos en bandejas de papel  plata, las paredes oyen. Y graban. 

Julián Conrado tiene 57 años, lleva más de cuarenta militando en la guerrilla más antigua de América Latina, la perpetrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, y ha pasado media vida en las montañas. Fue miembro activo de las fracasadas negociaciones de paz de  El Caguán con el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y el 2002, y por él, el Departamento de Estado de Estados Unidos ofrecía hace unos años una recompensa de 2,5 millones de dólares. 

“El cantor de las FARC” es el apodo que le acompaña porque “cuando recibo golpes, alzo la frente y canto”. Y canta tanto que tiene más discos que los Rolling Stones y cada historia la hace música. La última, la de la muerte del guerrillero venezolano Fabricio Ojeda, que murió ahorcado sobre una silla inmóvil y un vaso de plástico intacto.  “La he compuesto hace dos días”, nos dice. “A ver qué os parece”.  

El pasado 31 de Mayo, Conrado fue capturado en el Estado Barinas de Venezuela, al que había acudido por motivos de salud, en una operación conjunta de los gobiernos de Venezuela y Colombia. Este país lo acusa de “delitos como tráfico y porte de estupefacientes, extorsión y lesiones con fines terroristas”. 

“Nos metieron en un coche y nos secuestraron” me cuenta su mujer, Celia, a la salida del CGIM. “Después a mí me lanzaron del coche a la cuneta y se llevaron a Julián”. 

“Pasé siete días atado y con los ojos vendados sin saber dónde estaba”, nos había contado dentro Julián, “después me trajeron aquí- al CGIM-  y no pude hablar con ningún abogado hasta sesenta días después”. 

La Coordinadora venezolana “Que no calle el cantor” denuncia irregularidades en el caso Conrado y pide su asilo político al país. También el propio Conrado se lo ha pedido al presidente Chávez en una carta que se hizo pública en internet el pasado mes de Agosto: “Si Bolívar en Cartagena en vez de la mano solidaria y amiga que se le extendió, hubiera encontrado que lo apresaran y lo entregaran al Imperio español ¡COÑO! ¿De qué tamaño habría sido el dolor?”

Según esta Coordinadora, en su detención y posterior tratamiento del caso se violaron varios puntos del Derecho Internacional Humanitario. En primer lugar, la detención en Barinas se realizó “sin ningún tipo de orden judicial”, en segundo, “estuvo 66 días, desde el 31 de mayo, hasta el 5 de agosto, sin conocer la existencia de jueces, fiscales, abogados. Incomunicado. Siete días permaneció amarrado, vendado... Después de los 66 días logramos ponerlo   'a derecho'". Así lo explica en una entrevista a Radio Guiniguada, Tamanaco de la Torre, portavoz de esta Coordinadora. 

Por último, Que no calle el cantor explica que el Gobierno colombiano no ha hecho ninguna petición formal de extradición de Julián Conrado, ni durante los primeros sesenta días tras la detención, tal y como marca la ley, ni después. Por lo tanto “no existe un estado requiriente y no existe un estado requerido. No puede haber extradición”, concluye de la Torre.

En mitad de este “limbo” para Conrado, le pregunto cuáles son las últimas noticias que ha recibido del gobierno venezolano en torno a su petición de asilo. “No sabemos nada nuevo. Por el momento sólo hay silencio. Imagino que Chávez y Santos tratarán el tema durante su encuentro este mes en Caracas y a partir de ahí sabremos algo”. 

Después coge la guitarra y sigue cantando. Esta vez suena “Allendiando” que anima al Chile en la calle de estos meses de revueltas estudiantiles y de mucho más. Mientras lo escucho, con su camisa de cuadros, dos o tres cabezas más alto que el resto, bigote y pelo canoso, pienso en que Julián Conrado me parece más poeta que guerrillero, hijo de aquella época de las “canciones por necesidad”. Canciones de lucha y de protesta. Compadre de Silvio, de Víctor Jara y Alí Primera. Y él mismo lo reconoce: “Mi fusil es mi guitarra y mis balas son versos de calibre bolivariano…”

De Alfonso Cano se habla poco durante la reunión. Sólo Celia nos pregunta si nos hemos enterado. La conversación la cierra Conrado tajante: “Así es la lucha. Sabes a lo que te expones. Y si no lo intentas, ya has perdido”.

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