miércoles, 5 de octubre de 2011

Más Buen Vivir

 
No era la primera vez que los trabajadores venezolanos salían a la calle para pedir una nueva Ley Orgánica del Trabajo y la creación de la Ley de los Consejos Socialistas de los Trabajadores y Trabajadoras. Ya lo hicieron el pasado 26 de Julio, cuando una marcha de miles de personas que partió desde la Plaza Morelos llevó las 30.000 firmas requeridas por el legislativo hasta la Asamblea Nacional. En aquella ocasión fueron recibidos por el presidente de la cámara, Fernando Soto Rojas, en ésta, fueron los diputados del Partido Comunista de Venezuela, Douglas Gómez y Pedro Euse los encargados de recibir a la comisión de trabajadores en el interior del Capitolio.

La propuesta, que ya fue validada por el Centro Nacional Electoral en Agosto, se encuentra en la lista de espera de asuntos pendientes en la agenda del ejecutivo. La concentración pretendía ser un mecanismo de presión para agilizar este trámite, "una jornada solidaria con el movimiento obrero y sindical del mundo para promover la defensa de los trabajadores y denunciar las políticas neoliberales al servicio de los capitalistas" expresó el propio Pedro Euse en una rueda de prensa el día anterior en la capital.

La actual Ley Orgánica del Trabajo data del año 1996; los venezolanos la conocen como la "ley Caldera", porque la implantó el presidente Rafael Caldera durante su segundo mandato. Ahora, los convocantes de esta protesta (Movimiento por el Cambio Obrero, Movimiento por los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, Plataforma de los Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadoras de Caracas y el Partido Comunista de Venezuela), piden una nueva ley para el trabajador porque tal y como explica la diputada nacional y responsable política del Comité Regional del Partido Comunista en Caracas, Vladimira Moreno, a las puertas de la Asamblea Nacional "la ley actual no contempla unas relaciones de producción donde el trabajador tenga el control de las mismas así como el control de los precios para evitar el acaparamiento de las empresas. De esta forma daríamos el salto cualitativo necesario para que los trabajadores asuman por completo su rol histórico como sujeto activo y protagonista del cambio social".

Las claves de estas demandas pasan por la reducción de la jornada laboral (de 8 a 6 horas diarias), por la transformación del salario básico (1.500 BvF, unos 120 Euros), en salario integral (conseguido a través de la suma de bonificaciones, pluses y horas extras al salario base), la retroactividad de las prestaciones sociales, acabar con la "tercerización" de los contratos (el trabajador como último eslabón de la cadena productiva), y atender al artículo 92 de la actual Constitución Bolivariana, cuyo texto sostiene orgulloso en una pancarta José Espinoso, trabajador del Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laboral. Me lo lee en voz alta para que no se me escape nada: "al finalizar su vida laboral, el trabajador tiene derecho a recibir el pago de prestaciones sociales de forma proporcional respecto al tiempo de servicio y calculado en conformidad con su último salario devengado, estableciendo un lapso para su preescripción de 10 años".Actualmente sólo computan los últimos seis años de trabajo realizado. 

Le pregunto a José porqué ha venido a la concentración. "Lo primero, porque soy obrero. Lo segundo, porque estamos en un momento histórico en Venezuela, ahora sí los trabajadores tenemos la oportunidad de transformar las leyes".

Con la nueva LOT, la mujer también gana. Las trabajadoras solicitan la ampliación del permiso por maternidad hasta los seis meses. Actualmente se encuentra en un mes y medio después del parto. De la misma forma, se pretende el reconocimiento del trabajo de la mujer en el hogar como trabajo productivo, recibiendo una remuneración por ello.

Vivir bien no significa vivir mejor que los demás. O al menos así lo dijo en una ocasión Hugo Chávez, cuando explicaba en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores sus Cédulas del Buen Vivir, su filosofía aimara, la de los indígenas quechua de Bolivia y de Perú. Miles de años después, en la puerta de la Asamblea Nacional, rodeados de policías nacionales armados con cascos y escudos "pero que no hacen nada, son del Gobierno y no reprimen", cientos de trabajadores rescatan el código de comportamiento de sus antepasados. Y lo reclaman cantando consignas de movimiento obrero.

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