jueves, 27 de octubre de 2011

¡Puro arrecho chama!


Lo que más me gusta de Venezuela es cómo te habla la gente. Y cómo te mira cuando te habla. Son arrechos. Es arrecho. Fuerte, impetuoso, convincente. Demoledor. Y demoledora es su capacidad para organizar, para inventar un molde, un movimiento.  Sociedad. Algunos ejemplos:

IIAVE-TEATRO DE LOS INVISIBLES:

Estos días, y hasta el próximo 30 de octubre, está teniendo lugar en Caracas la décima edición de la Muestra Internacional de Teatro y Títeres, organizada por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de las Artes de Venezuela (IIAVE). Su director se llama Alberto Ravara, es argentino, director teatral, titiritero, dramaturgo y docente. La primera vez que “rió y lloró” con una puesta en escena tenía cinco años y fue con una función de radio-teatro. Se llamaba “Pido luz para mis ojos”, actuaba Carlos Ciappe y corría el año 1950 en Buenos Aires. A Juan Domingo Perón todavía le quedaban cinco años de gobierno. Y a los argentinos, cuatro golpes de estado y tanta historia por luchar.

IIAVE vive en la azotea de El Tejar, uno de los racionales edificios de Parque Central en Caracas. Desde sus ventanas puedes contemplar el barrio de San Agustín al completo con Metrocable incluido, y su loft se divide en espacios in-fronterizos donde se “vive, se convive, se cocina, se actúa y se duerme”. Más ahora, que hay 53 grupos latinoamericanos y uno español participando en la Muestra, 145 espectáculos en la calle y dos cafeteras italianas que no descansan bajo el “surname” de IIAVE colgado en una pared multicolor y multitodo. Muy underground: “Teatro de los Invisibles”. 

IIAVE

 “Invisibles por táctica y por humor. Los visibles en el mundo son Hollywood, el Papa, el Rey de España o Nicolás Sarkozy. Y los invisibles, ¿quiénes somos? La inmensa mayoría de la humanidad que es semejante al Papa, a Lenin, a ti y a mí. Somos imperfectos, distraídos, capaces de grandezas y también de miserias; somos todos los invisibles, la mayoría, que sueña, que hace, que socialmente producimos la existencia”. Así empieza mi conversación con Ravara, que fuma un pitillo tras otro sin parar, dejando que se consuman en el borde de la mesa.  Arrecho. 

Después adivina que soy la pequeña de mis hermanos. Él también. Y se sonríe: “siendo el menor eres testigo e intuitivo. Disfrútalo”. 

Alberto Ravara, director de IIAVE

 IIAVE nació en 1993, el Festival en el 2002, “después del golpe de estado contra Chávez y del golpe del petróleo. Entonces urgió salir a la calle, ganar la calle. Era un momento de mucha confrontación y nosotros adoptamos el carácter político que necesariamente imprimía el contexto. Decidimos apoyar la legalidad y legitimidad de un gobierno democráticamente constituido”.

Fue el comienzo de una nueva etapa, la de “no hacer teatro para que los estómagos de sala hiciesen la digestión”. IIAVE comenzó a trabajar más activamente en las comunidades, en los barrios, las parroquias (subdivisión de municipios en sectores) de Venezuela. Zonas humildes, pobres, manipuladas. 

“El teatro es puramente humano y las comunidades son nuevos escenarios de reflexión. Se trata de democratizar el espacio, de estimular la razón. Todo el teatro es social y no hay arte al margen de la lucha de clases. Vamos allí cada semana, hacemos talleres, funciones, títeres, conversatorios con un pueblo campeón de la supervivencia”.

Y sentencia. O a mí aquella frase me suena a sentencia. Tan de la Pampeana. Un poco también tan a discurso aprendido y repetido en entrevistas: “el arte es una poderosísima herramienta para la transformación del ser humano y de la sociedad”. Después llega Lily, una de las actrices principales de la compañía desde hace cuatro años, y le dice: “Alberto, nos vamos ya”.

Nos vamos a la comunidad de Blandín, al sector de La Pedrera, en Catia. Seis actores, Kofi, el conductor, César, Ronald, compañeros, producción y yo nos subimos en su furgoneta habitual. Dentro, los chicos se transforman en Simón Bolivar, Francisco de Miranda, Manuelita Sáenz, en indígenas de Tupac Amarú. Es la “otredad” del teatro. La “metáfora y la connivencia”. Toca representar en una cancha deportiva al aire libre “Bicentenario, Relato y Estatuas”, “una muestra puramente didáctica aprovechando que estamos celebrando el bicentenario de la independencia”. Estatuas es criatura de Ravara. Historia de Venezuela en uno de los barrios más afectados por las fuertes lluvias que arreciaron el país hace un año.  En Blandín hubo siete muertos y todavía hoy, más de 1.000 personas continúan esperando una vivienda en alguno de los refugios provisionales que instaló el gobierno. 



“Con estas actividades atacamos las causas del delito y las prevenimos. La parte cultural es esencial. Si mantienes a estos niños ocupados en actividades dedicadas a su formación integral, difícilmente agarrarán una pistola mañana”, me dice Oscar Bastida, supervisor de la Policía Nacional Bolivariana, sustituta de la cuestionada Policía Metropolitana de Caracas.

Es Domingo y el sol pega fuerte sobre el asfalto levantado de La Pedrera. Una treintena de críos abre la boca delante de la Batalla de Ayacucho aunque el escenario tenga poco o nada que ver con la Pampa de Quinua. Los caballos peruano-criollos desaparecen del óleo de época y el atrezzo es un eslogan muy común. Y muy eslogan. Ocupa una de las paredes de la cancha: “Con el presidente Hugo Chávez el poder popular se fortalece”. Fuera, el puesto de empanadas suena hirviendo por 2 bolívares la pieza y la vieja Lourdes, la “líder comunitaria”, coordinadora de la Misión Barrio Adentro en Blandín, prepara San Cocho para todos en una olla gigante y no sé porqué me viene a la cabeza de repente el druida Panorámix y una “aldea poblada por irreductibles galos que resiste todavía y siempre al invasor…”. 




RADIO NEGRO PRIMERO:

Escucho Aléxis Cárdenas para hablar de Radio Negro Primero. Ayer descubrí a este genio venezolano del violín en casa de venezolano común que escucha música de Los Llanos y recomienda a Cárdenas como paradigma de identidad cultural patria. Alterna con Prodigy un rato después. Ron Gran Reserva sobre la mesa y arepa en la plancha de la cocina. Pura Venezuela. Para que no digan que en la variedad no está el gusto. 

Digo esto porque para estar, hay que ambientar. También para escribir. Pedro Camejo luchó con Simón Bolívar en los mil ochocientos y por ser el único con tez oscura, negra, en el batallón, recibió el apodo de “Negro Primero”. 


La Radio Libre Negro Primero se escucha en el 101.1 FM en todo Caracas y en todo el mundo por internet. Abrió hace diez años entre las parroquias de La Candelaria y El Recreo, emite 24 horas al día y cuenta con más de 40 programas diferentes de todos los tipos y sobre todos los temas: “Samba, sabor y rumba”, de Roylando Mayora, “El deporte en la comunidad”, de Enrique Godoy, “Ambiente, sociedad y poder popular”, de Ildemaro Acosta o “La red de noticias comunitarias”, de lunes a viernes de 8:30 de la mañana a 10. Éste, lo lleva Carlos Lugo, el director:

“Funcionamos como articuladores de la sociedad. Hemos creado una plataforma de comunicación basada en la autogestión, la vida comunal y la defensa integral del sistema. Nosotros no somos periodistas, somos voceros y trabajadores comunitarios. Es un modelo militante, de ciudadano comunicador. Jugamos un rol muy importante en la sociedad porque hablamos de lo que está pasando también desde el punto de vista crítico. La revolución bolivariana tiene muchos errores. Los peores, el burocratismo del gobierno y la ineficiencia”.

Carlos Lugo junto a Angélica, colaboradora del progrma.

 Los medios de comunicación alternativos suponen un 5% del total de medios de Venezuela. En Caracas hay 27 radios libres con licencia. Seis más la están esperando. En todo el país hay un conjunto de 250 radios y televisiones comunitarias con dicha licencia. 180 más ya la han solicitado. 

Lugo me cuenta que también ellos, como IIAVE, adquirieron importancia y conciencia tras el intento de golpe de estado a Chávez. “Nosotros estuvimos emitiendo esos días clandestinamente y le decíamos a la gente lo que estaba pasando. Mientras, en los medios generalistas sólo había música y comiquitas (dibujos animados)”. 

En “la Negro”, seleccionan la publicidad que se emite, no reciben subvenciones del gobierno y sobreviven por su autogestión. En el mismo edificio, comparten paredes los micros con los hornos de una panadería, los serruchos de una carpintería y con un mercado de abastos. Se produce, se vende y se subvenciona un proyecto que también lleva talleres a las escuelas del barrio y organiza campamentos urbanos con 1500 niños en Agosto. 



“Es la revolución dentro de la revolución. Desde abajo. Una guerrilla comunicacional. Es crear “ambiente”. Ambiente de actitud. De disposición. De valores”. 

Antes de irme me ponen “Toledo”, de Alfredo Sadel y Azúcar, la cocinera “que canta como Celia Cruz” se arranca. En el estudio, Raúl Vázquez y Luis Guevara cantan en directo su “Románticos llaneros y algo más”. Promocionan “el talento nacional” y la gente les manda mensajes por facebook. Carlos Lugo me acerca al metro, antes pasamos a recoger a sus tres hijas al colegio. Me despido, saco el billete sencillo del bolso y pienso en mi música nacional. Y en una canción de un gallego que me gusta: “mírate bien, estás inflado de mediocridad…”.


martes, 25 de octubre de 2011

Y "más se perdió en Cuba"




Entre el puerto de La Guaira, el más importante de Venezuela, situado en el Estado de Vargas (norte del país), y la playa de Siboney, en las afueras de Santiago de Cuba, hay 1550 kilómetros. Los mismos que debe(ría) medir el cable de fibra óptica Alba-1 que en 2008 Telecomunicaciones Gran Caribe aseguró construir. 63 millones de dólares subvencionados vía crédito chino conseguirían multiplicar por 3000 la velocidad de conexión de la isla, resignada al satélite, tan banda estrecha. Y tan caro. 6 pesos convertibles, 6 dólares la hora en cualquiera de los hoteles estándar de Parque Central. En algún otro, las estrellas suman CUC, hasta 10 por 60 minutos frente a la pantalla. 

Esta situación comenzó hace 51 años, muy justos, también en un mes de octubre. Colossus, sin internet, ya había descifrado todo lo que tenía que descifrar sobre la Alemania nazi y Fidel Castro llevaba poco más de un año en el poder. EE.UU decidió entonces la prohibición de importaciones y exportaciones de todos los productos, materias primas, medicamentos, etc, con Cuba. También desaparecieron las transacciones en divisas estadounidenses y los barcos y aviones cubanos no podrían tocar territorio norteamericano. Era el comienzo de un bloqueo económico non stop que en 2011 sigue impidiendo a la isla, entre otras cosas, conectarse a cualquiera de los cables que conforman la nutrida red de comunicación de fibra óptica sumergida a menos de 32 km de las costas cubanas. Tampoco se permite que Cuba adquiera equipos, software o aplicaciones informáticas de las compañías de EE.UU. En la isla, por tanto, no hay censura revolucionaria. En la isla, lo que no hay, es internet. Será el culto a la “retroinformática”.

Hoy, una vez más (y va la vigésima), los 193 miembros que conforman la Asamblea General de la ONU se han reunido en Nueva York para condenar este bloqueo (“embargo” para los políticamente correctos). El resultado ha sido de 186 votos a favor de Cuba. Sólo, y de nuevo una vez más, EE.UU e Israel se han opuesto a la resolución presentada por el país caribeño. Por su parte, Palau, las islas Marshall y Micronesia se han abstenido y Libia y Suecia no han estado presentes durante la votación. 

En 1991 fue descodificado un informe del Departamento de Estado norteamericano en el que se reconocía: “el objetivo único del bloqueo era la destrucción de la Revolución Cubana, provocando hambre y desesperación por las dificultades económicas al pueblo cubano”. Pero esa desesperación cubana llegaría pocos meses después, tras la caída de la URSS y el comienzo del “periodo especial”. Aprovechando la coyuntura, EE.UU aprobó en 1992 la Ley Torricelli, que interrumpió  las importaciones cubanas de medicamentos y alimentos procedentes de filiales estadounidenses en terceros países. En 1996, Clinton aprobó la Ley Helms Burton, ideada por un remix “demócratarepublicano” mediante la cual se sanciona a los capitales extranjeros que deseen hacer inversiones en Cuba, prohibiéndoles incluso en algunos casos su entrada posterior en el país norteamericano. 

En 2004 hubo más medidas. Contra el turismo, las inversiones, las remesas familiares, etc. Y en 2010, Obama anunció la continuidad de la Ley de Comercio con el Enemigo, lo que suponía en la práctica la extensión del bloqueo afirmando que “la continuación de estas medidas referentes a Cuba convienen a los intereses nacionales de Estados Unidos”.  Esta ley, por cierto, según el derecho internacional, sólo puede ser aplicada en tiempos de guerra. Visible, claro.

Los cubanos cuentan que durante el período especial, sacaban las sábanas a las calles de La Habana para soportar el calor del trópico sin electricidad acondicionada y poder dormir, y que engañaban al estómago aplastando los fideos con un mortero para que la comida “pareciera más”. Más plasta. Más pesada. Unos jeans costaban 80 dólares. No hay jeans. Y en las estanterías de cualquier negocio había “nada”. “¿Tú sabes lo que es nada? ¿Nada?”. No. No lo sé. 

Hoy, Cuba vive a caballo entre la transición de dos hermanos iguales pero distintos. Cambiando cosas que no se cambiaban. Mirando hacia la solución de los absurdos. Y de las necesidades. El Estado sabe que la apertura es inevitable y compatible con la “absolución de su historia”. Con la transformación de “reveses en victorias”. Y añado: y en alternativa/s.


jueves, 20 de octubre de 2011

Copas de sombrero



El 15-M y la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) hicieron historia en España el pasado 15 de Junio, cuando por primera vez, un grupo social organizado impidió el desahucio de una familia en el barrio de Tetuán, en Madrid. Fui testigo y parecíamos únicos y poderosos. En Venezuela, la Red Metropolitana de Inquilinos, integrada en la red del Movimiento de Pobladores, lleva siete años impidiendo desalojos arbitrarios. Y son arbitrarios no porque no dispongan de orden judicial. La tienen. "Lo que ocurre es que en la mayor parte de los casos, los inquilinos no llegan a enterarse de que tienen una causa abierta en los tribunales y su ausencia en los mismos les declara automáticamente culpables; a pesar de que la mayoría   dispone de los documentos necesarios que acreditan la cumplimentación de  los pagos del alquiler. Se enteran de que han sido objeto de un juicio el mismo día del desahucio, con la policía en la puerta. Entonces, los afectados tan sólo tienen dos días para interponer un recurso, buscarse un abogado que no pueden pagar y solucionar todo el papeleo. Son procesos de falsa legalidad y por lo tanto, arbitrarios. Injustos".

Me lo explica Ana Marina  Rodriguez, portavoz de este movimiento, en el patio de la Asamblea Nacional de Venezuela, junto a la puerta tras la que 165 diputados están debatiendo en el hemiciclo la nueva Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda, una ley que lleva meses discutiéndose en la calle y que previsiblemente se aprobará de forma definitiva el próximo martes, en la misma sala donde hoy se alteran los parlamentarios bajo la supervisión atenta de decenas de representantes de movimientos sociales.

La Red Metropolitana de Inquilinos ha conseguido parar 2.000 desalojos sólo en la ciudad de Caracas en todo este tiempo. Inevitablemente pienso en su ventaja. Lecciones. 

“No hemos parado de salir a la calle para impedir todos aquellos desahucios ilegales que nos encontrábamos, sobre todo en las grandes ciudades del país. El pueblo salvando al pueblo. Nos parábamos frente a los edificios, gritábamos consignas contra el desalojo y los jueces decidían suspender la ejecución de las medidas. Eso nos funcionó y fue la estrategia que hemos manejado durante años para parar esta práctica”, concluye.


He mencionado la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda de la que hablaré después más extensamente, por su importancia estos días en Venezuela; pero antes de detallar este proyecto  y su actualidad, me gustaría hablar, por lo necesario para comprender, de la trayectoria y el trabajo del Movimiento de Pobladores, con el que he estado en contacto los últimos días, advirtiendo y aprendiendo paralelismos.

Lo primero, la definición. ¿Qué es el Movimiento de Pobladores? Me responde uno de sus portavoces, Rigel Sergent: “Se trata de una plataforma compuesta por varias organizaciones sociales que convergen de forma unitaria (Campamento de Pioneros, Comités de Tierra Urbana, Trabajadores Residenciales, Movimiento Ocupante, Red Metropolitana de Inquilinos y Frente por el Buen Vivir), nacida hace cuatro años con un objetivo común: la transformación social de los espacios. La recuperación de las ciudades y los edificios. La construcción de un nuevo hábitat dignificado”. 

Rigel Sergent, portavoz Movimiento de Pobladores

 Los tugurios, ya lo decía aquél libro, se llaman favelas en Río de Janeiro, jacales en México, barriadas en Lima, callampas en Santiago de Chile, villas miseria en Buenos Aires, cantegriles en Montevideo, chabolas en Madrid y barrios en Caracas. En esta ciudad viven 3,5 millones de personas. Un 60% lo hace en barrios.

En el sector Tamanaquito del barrio de Catia llevaba viviendo desde hacía 21 años Rodrigo Rivera junto a otras 300 familias. Hace un año, la suya fue una de las 50 que perdió su “ranchito” (así llaman a las casas hechas de bloque y uralita de los barrios) en esta zona por las fuertes lluvias que asolaron el país durante todo el mes de Noviembre. 

Aproximadamente, la cifra de familias afectadas en el conjunto de Venezuela ascendería hasta 150.000 según el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores. A día de hoy, muchas de ellas siguen sin un lugar para vivir, pasan los días en refugios habilitados por el gobierno. 

Rodrigo es uno de ellos, un “refugiado”, como él mismo se me presenta. En concreto, refugiado del núcleo Fabricio Ojeda, en el mismo Catia. Antiguas zonas dedicadas al uso común: canchas deportivas, sanitarios, carpas…recicladas como hostels improvisados desde hace once meses.

Como consecuencia de estas lluvias, el Gobierno puso en marcha lo que se conocería como Gran Misión Vivienda. ¿El objetivo? Realojar a todos los damnificados por lo ocurrido en Noviembre, construir dos millones de viviendas en los próximos siete años, algo que muchos consideran demasiado ambicioso, y realizar un Registro Nacional de Vivienda, un censo, contar cuántos venezolanos necesitan un techo. Empezó en Mayo. Van tres millones de personas registradas. Y continúa. 

Otra de las consecuencias de aquel nefasto designio de la naturaleza fue la aparición del Frente por el Buen Vivir, organización integrada en el Movimiento de Pobladores. Rodrigo es uno de sus “voceros”:

“Queremos reconstruir y entregar viviendas dignas a estas familias que pertenecen al frente y que lo han perdido todo. Sin esperar más en los refugios. Llevamos trabajando desde Enero para rehabilitar las viviendas. No podemos dejarlo todo en manos del gobierno. Aquí estamos. Empezando, formando, educando para su nueva vida, para su nueva ubicación, a estas familias tan acostumbradas a vivir en su ranchito; hacemos actividades semanales, cine-fórums, charlas, debates… Si pudimos construir nuestra vivienda en el cerro, ¿por qué no podemos hacerlo aquí? Pero no de manera individual, sino de manera colectiva, creando una sociedad”, me asegura mientras me enseña el CEIVA, uno de los 14 edificios “ociosos” (vacíos, desocupados) que el Frente está preparando en Caracas para varias de las 200 familias que lo forman. Por el momento, en este del centro de la ciudad queda mucho por hacer. 

Edificio vacío ocupado por el Frente por el Buen Vivir en el centro de Caracas.
Mismo edificio por dentro.

 En Venezuela, ocupar no es okupar. En Venezuela ocupar forma parte (y me voy a permitir utilizar aquí un entrecomillado muy bolivariano…) de la “reestructuración de la geometría del poder”. Y todavía más. Más concepto. Más sentido/s. Amparo legal y gubernamental. Anoche había Asamblea del Movimiento Ocupante en el edificio de Conde Apiñán. Hay asambleas cada miércoles y cada sábado. El Movimiento Ocupante comparte la filosofía del resto de grupos de la red de Pobladores. Existe desde el año 2000 pero funciona activamente desde el 2010. A él pertenecen 4.500 familias que viven en 310 pisos recuperados, ocupados, de la ciudad. En Caracas, sigue habiendo más de 1.000 edificios abandonados que no reciben ningún tipo de uso.

“Eran pisos que estaban vacíos. La mayoría se construyeron en los años cincuenta para uso residencial. Antes de ocupar, estudiamos el edificio durante semanas, investigamos cuánto tiempo lleva vacío. Algunos llevaban hasta veinte años así. Los transformamos por dentro y por fuera. El movimiento es una respuesta a la crisis de la vivienda en Venezuela, a su mercantilización”, me cuenta Harrison Moya, miembro de Ocupantes desde sus comienzos, antiguo vecino del barrio de San José donde su casa era su habitación y su espacio único que compartía con dos personas más. “Hacinados”, asegura. 

Harrison abre el turno de palabras en la Asamblea. Miro a mi alrededor y veo ancianos, niños, chicos jóvenes, parejas, matrimonios de mediana edad. Todos esos son los ocupas de Venezuela. Pienso en mi familia y en toda la gente que conozco y me doy cuenta de que ellos, y yo misma, podiamos ser ocupas en este país. Sin estereotipos. Porque el techo es cosa de todos. Como el pan. Cada uno tiene su historia, está claro, pero escucho un paradigma. Parece una de esas frases de lógica de la filosofía de primero de bachillerato con un perro verde que convierte a todos los perros en verde de por medio: “¿por qué haber gente sin casa si hay casas sin gente?”. Y eso, tan sencillo, me pareció que nunca antes se me habría ocurrido. Tan obviamente. Y tan desechado. 

Asamblea del Movimiento Ocupante.

 Gente como Ana María, una señora a la que no pregunto la edad, pero a la que calculo unos… taitantos. Me dice que lleva “ocupando” (y me sigue sonando tan anti sonante esta palabra en boca de esta señora a la que sin duda hubiera dejado mi asiento en el metro. Pero es otra cosa. Cambio el chip) dos años y medio, “desde que la policía metropolitana mató a mi hijo en la puerta de mi casa en Petare”. Entonces se mudó con sus otros dos hijos a un piso del Movimiento por la Avenida Urdaneta. Y desde entonces viene a las Asambleas. La gente habla de lo que queda por hacer, y de lo que ya se ha hecho, de quién necesita una mano para lo que sea; y por el altavoz reitera la ideología, la técnica, lo teórico…la convivencia, los vecinos, la familia, la lucha, el socialismo…Y lo creen. Y lo hacen. Y yo no tengo nada que decir ahí. Y hasta me da vergüenza moverme mucho de la silla. Por ignorante.

El gran logro hasta el momento de toda esta red de activismo se produjo el 6 de Mayo de este año. Se trata del Decreto 8190 con “rango, valor y fuerza de ley contra los desalojos y la desocupación arbitraria de viviendas”. Una ley única en el mundo a nivel nacional que obliga al Estado a garantizar asistencia jurídica al inquilino, a un juicio justo entre las partes y a dar un plazo de diez meses al usuario de la vivienda para buscarse otro alojamiento. Si no lo consiguiera, el Estado está obligado a realojarlo en un refugio o vivienda pública. 

Esto, en un país, donde lo obvio no lo es tanto y la especulación inmobiliaria está a la orden del día. “Es una forma de acabar con los desalojos disfrazados de aparente legalidad”, señala Ana Marina Rodriguez, de la Red Metropolitana de Inquilinos. Esta organización ha enfrentado más de 14.000 juicios en sus siete años de vida. 

Movilización contra desalojo Movimiento de Pobladores

 El que se espera sea el segundo gran logro es, y acabo hablando del principio, el proyecto de Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda, proyecto que también ostenta un título: es la primera vez en la historia de Venezuela que un texto de previsión legislativa es redactado en su totalidad por el pueblo. En su diseño han participado desde Enero más de 200.000 personas de los 23 estados del país y el Distrito Capital, repartidas en “asambleas de trabajo donde hemos llegado a participar hasta 600 personas” me cuenta Ana Marina. Y de nuevo pienso en España y en los últimos cinco meses. Y en los paralelismos. O en los no paralelismos. 

El porqué de esta ley es el descontrol de la especulación inmobiliaria. Así me lo explica Eleusis Borrego, también de la Red Metropolitana de Inquilinos: “Aquí en Caracas, el alquiler de un apartamento de 80 metros cuadrados cuesta entre 7000 y 8000 bolívares (entre 600 y 700 euros. Hay que tener en cuenta que el sueldo básico de un venezolano son 1.500 bolívares). Es una situación impagable. En Mérida, donde yo vivo, una habitación para un estudiante ha subido en los últimos seis años de 80 a 2.000 bolívares”. 

Y continúa contándome algo que a mí me resulta curioso: “Aquí también se estila mucho hacer cláusulas leoninas, que van en favor del propietario y en detrimento del inquilino. Pasan cosas tan absurdas como que para ir a ver un apartamento te cobren 500 bolívares (unos 40 euros).  Sólo por ir a verlo. Es lo que llaman el “derecho a la llave”.

Debate en la Asamblea Nacional.

 Con la nueva ley se pretende conformar un “sistema justo regulado por una Súper Intendencia”, órgano rector que será quien dicte las políticas en materia arrendataria de viviendas, crear una metodología para calcular el justo valor del inmueble obteniendo la fórmula de rentabilidad anual de la vivienda, y sancionar con multas a aquellos propietarios que no cumplan con el precio regulado para el alquiler (el Estado “regula” los precios del alquiler, de tal manera que por ley, un precio nunca puede sobrepasar los límites que se establecen públicamente. No obstante, esto casi nunca se respeta…de ahí la problemática y la especulación).


Los propietarios no están de acuerdo. En muchos aspectos la consideran una ley parcial y se quejan de dos factores fundamentales. Uno: “el canon (precio mensual del alquiler) regulado sólo se va a revisar cada tres años. Mientras, la inflación sube anualmente en este país entre un 25 y un 30%. Un propietario no puede soportar tres años de inflación económica sin subir el precio del alquiler como corresponde. Eso significa la ruina”, me asegura Roberto Orta, presidente de APIUR (Asociación de Propietarios de Inmuebles Urbanos). 

Y dos: “la nueva ley no tendrá en cuenta a la hora de establecer el valor de la vivienda algo tan importante como la ubicación de la misma, y eso es una gran pérdida patrimonial”, concluye. 

Quejas comprensibles en un país del que Fernando Coronil habló, utilizando un simil de otro, como si fuese “un mago que saca de su sombrero de copa ilusiones y milagros de modernidad”. El “estado mágico” que echa de menos una variada producción/inversión nacional al margen del petróleo y que no quiere mercados paralelos que concilien el bolívar con la divisa en el cajón de la economía sumergida. Pero ese es otro cuento.


domingo, 16 de octubre de 2011

Comida unívoca



Hace un par de días fui al súper. La Luz. En un momento de necesidad era el único cercano y visible. El guardia de la farmacia me dijo que no estaba mal de precio, después la cajera del mercado me miró con cara de “¿acabas de llegar, verdad?” cuando le hice la misma pregunta. Porque sí. Era caro. Un supermercado en Chacao siempre es caro. Lección número uno. Al menos más de lo normal en Venezuela.

No compré mucho. Sólo lo básico para subsistir unos días antes de mudarme a mi piso definitivo.  A la salida, eché un vistazo al ticket después de que el chico de la puerta pusiera el “Revisado” correspondiente con su tampón sobre el papel (“lo hacemos para que no se reutilice este ticket otra vez. Para que usted no vuelva a entrar y se lleve lo mismo”). Gasté 191,25 BvF (unos 15 Euros). Algunos precios:

Spaguetti Capri: 17,50 BvF (1,4 Euros)
Guisantes de lata: 17,50 BvF
Bandeja con filetes de pollo: 32,93 BvF (2,65 Euros)
Queso Guayanés: 17,63 BvF
Bolsa de lechuga lavada: 21,50 BvF (1, 72 Euros)
Caja con 15 huevos: 16,80 BvF (1,5 Euros)
Etc. 

Ayer era sábado y MERCAL  (Mercado de Alimentos) sale a la calle. “Mercal nace en  abril de 2003 dentro de lo que se llamó “Misión Alimentación”. Es mucho más que un supermercado ya que no responde a su naturaleza y filosofía. Se trata de priorizar al ser humano por encima de la mercancía. Los alimentos son un derecho fundamental y el Estado tiene que garantizarlos”.  Esta es la definición “bolivariana” de José Mendoza, integrante de la Gerencia de Gestión Socialista de Mercal que lleva desde las 7 de la mañana trabajando en la “bodeguita” (se dice en caraqueño al conjunto de puestos que conforman un mercado de abastos en la calle…) que han colocado junto a la Asamblea Nacional. 




Mi definición. Mercal es un supermercado estatal cuyos alimentos de primera necesidad (y de no tan primera) están subsidiados por el gobierno. De esta forma el precio final de los productos se encuentra entre un 40 y un 50% más barato de lo habitual. “Hay varios puntos fijos repartidos por todo el país y 649 puntos itinerantes que viajan cada fin de semana por diversas ciudades a nivel nacional”, me explica José.

Echo un vistazo a la lista de precios Mercal. Y comparo con mi ticket revisado:



Pero el “Megamercal”  (no me invento esta palabra. Así le llaman aquí al punto Mercal neurálgico por excelencia del día) de Caracas se está celebrando en la plaza Andrés Bello. Allí se venden 50 toneladas de alimentos repartidos en decenas de carpas causantes de las eternas colas de ciudadanos que esperan su turno para comprar comida. “¿Cuánta gente pasa por aquí a lo largo de todo el día?”, le pregunto a un dependiente con polo y gorra rojos, “incontable”, me responde, “no te podría decir una cifra. Miles”.

“Hay de todo, encuentras de todo. Lo básico: pollo, carne, arroz, aceite, azúcar, mantequilla, fruta… Trato de venir siempre que puedo y me suelo gastar unos 300 BvF (unos 24 Euros). Con ese dinero lleno el maletero del carro. En un supermercado normal me gastaría unos 1.500 BvF (120 Euros, sueldo básico del país por cierto) por la misma compra”, me dice Ali, de 46 años de edad, casado y con cuatro hijos en casa. 

“Los productos son mucho más baratos y además son de buena calidad”, añade Jesús que escucha nuestra conversación detrás de Ali en la cola del puesto de charcutería. “Incluso la leche. Conviene comprar aquí la leche blanquita porque es prohibitiva en los supermercados. Un litro te cuesta  27 BvF (2,20 Euros)”. En la tabla de precios de Mercal aparece a 7,89 BvF (0,63 Euros).



La leche importa y mucho, en un país con más de 9 millones de cabezas de res desatendidas y olvidadas ante el boom del petróleo. Venezuela vive de las rentas del combustible y olvidó atender sus tierras, importando actualmente la mayoría de productos agrícolas necesarios para la alimentación. De esta forma, esta semana el gobierno anunció que durante los próximos meses el precio del litro de leche aumentaría aún más, 4,10 BvF por cada cartón brik. Eduardo Galeano escribió hace cuarenta años sobre el “asesinato de la tierra” en América Latina, “monocultivada” por la oligarquía criiolla. Tierras desatendidas sin reforma agraria a la vista que planifique inversión. “El Lago de Maracaibo en el buche de los grandes buitres del metal”. Ahora podríamos hablar de la Faja de Orinoco o del Municipio Lagunillas, en el Estado de Zulia.

Italia y Gladys son vecinas, amigas y esperan junto a sus carritos de la compra la cola de la carnicería:
“Yo compro todos los básicos para el mes”, me dice Italia, “me gasto 200 o 300 bolos máximo y la comida me dura el mes completo para dos personas. Con ese dinero en un supermercado no me compro ni una cuarta parte. Salgo con una bolsita de plástico y ya.  Lo único que no tienen aquí  son productos de limpieza o de higiene”. 

Después, pensando en mi bolsillo más que en mi reportaje (para que nos vamos a engañar), les pregunto cómo se entera la gente de dónde se colocan las bodeguitas itinerantes cada semana. No me queda muy claro: “lo vemos en internet o lo anuncian el mismo día en el Últimas Noticias o por Radio Bemba”, me asegura Gladys. “Ah, ¡perfecto! ¿Lo dicen por la radio? ¿Qué dial es ese?”, pregunto yo emocionada pensando en mi pequeño transistor plateado, préstamo/regalo de Víctor, al que tanto uso estoy dando. Mal. “¡No! ¡No!, ¡Radio Bemba es el “boca a boca”! Si una se entera se lo cuenta a las demás. Nos llamamos por teléfono y quedamos para venir juntas”, me dicen riéndose de mi torpeza léxico-cultural…Yo también me rio. Y me lo apunto. 



A la plaza de Andrés Bello acuden el Ministro del Poder Popular para la Alimentación, Carlos Osorio, y el Ministro para la Agricultura y Tierras, Luis Loyo. Pienso que están haciendo campaña pre-electoral. Un compañero del Correo de Orinoco me dice que no, que cada fin de semana acuden al Megamercal de turno y reparten bananas y parchitas (maracuyás). Hablan con la gente y les preguntan por su dieta.  De repente, Hugo Chávez llama por teléfono. Su voz suena en toda la plaza y hace preguntas. Pregunta a sus ministros qué llevan los caraqueños en las bolsas, pregunta si hay mucha gente, si los productos son dietéticamente adecuados, si observan mucho sobrepeso entre los que están comprando en la zona (Venezuela se encuentra entre los seis países con mayor índice de obesidad del mundo)…y finalmente, después de asegurar que el Estado seguirá manteniendo el subsidio de estos alimentos, en conmemoración de los XVI Juegos Panamericanos que celebraron ayer su ceremonia de inauguración en Guadalajara, Chávez se arrancó con una ranchera a lo Antonio Aguilar para despedirse de la multitud. 

El primero y el tercero de izq a derecha, Ministros de Alimentación y Agricultura y Tierras, Carlos Osorio y Luis Loyo.

 He visto a Esperanza Aguirre montada en bicicleta con tacón de aguja y asediada por señoras de pelo blanco y collar de perlas con “La Lideresa” en sus manos antes de tropezar extasiadas; también he visto decenas de mítines de nuestros políticos bajo banderas monocolor, ondeantes y huecas. Pero esto es otra cosa. Es el “populismo”, imagino, del que tanto hablamos allí y que tanto repiten aquí. Por mi parte, creo que seguiré investigando “lo no unívoco”  (Osmar González dixit) del término. 

Anoche Venevisión echó  Miss Venezuela 2011 por la televisión. Canal 4 en señal abierta y 104 por cable. Furor inequívoco en Caracas.