viernes, 23 de diciembre de 2011

"La Ley de Víctimas es una pequeña isla en un océano de dificultades"



Y dijo Álvaro Uribe: “En Colombia no hay conflicto armado”. “En Colombia no hay desplazados, hay migrantes”. “El paramilitarismo es cosa del pasado, la guerrilla está en “el fin del fin”. 

La Ley de Víctimas y Restitución de Tierras se aprobó en el Congreso colombiano el pasado 2 de Junio con 93 votos a favor y tres en contra bajo el gobierno de Juan Manuel Santos. En su artículo tercero podemos leer: “Se consideran víctimas, para los efectos de esta ley, aquellas personas que individual o colectivamente, hayan sufrido un daño (…) con ocasión del conflicto armado interno”.
 Aunque parezca una afirmación obvia, ningún gobierno de este país había reconocido la existencia de este hecho. 

Más datos. Según el último informe de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), la cifra de personas desplazadas en Colombia por razones de violencia asciende a 5.195.620 (las cifras oficiales hablan de 3.600.000), situando al país sudamericano como el primero del mundo en el ránking de este dudoso récord.  De todos estos “mIgrantes” de Uribe, el 94% vive bajo el umbral de la pobreza según datos de la ONU. 

Y más. Actualmente continúan abiertas en la Fiscalía colombiana 334 investigaciones por presuntos casos de parapolítica en todo el país. Mientras, el 39% de los senadores elegidos en 2002 y reelegidos prácticamente en su totalidad en el 2006 bajo el gobierno del Partido de la “U” han sido investigados por esta misma causa. 8 de cada 10 pertenecían a la coalición gobernante de Álvaro Uribe, quien solicitó públicamente su voto para apoyar su agenda legislativa: “Le voy a pedir a los congresistas que nos han apoyado, que mientras no estén  en la cárcel, voten los proyectos del Gobierno”. En estos momentos, ya han sido imputados y condenados 25. 

El propio Salvatore Mancuso, alias “el Mono Mancuso”,  capo paramilitar y narcotraficante confeso al que se le atribuyen al menos 300 asesinatos, se subió en el 2004 a la tribuna del Congreso colombiano para afirmar que creía en “el Dios de la esperanza, del amor y del perdón”, y para reconocer satisfecho que en las últimas elecciones de 2002 “recomendamos a la gente a quién votar. En este sentido, podemos afirmar con los datos en la mano que la meta inicial del 35% (de sus candidatos) ha sido largamente superada y constituye un hito en la historia de las AUC (Autodefensas  Unidas de Colombia- grupo en el que se aunaron en el año 97 la mayoría de grupos paramilitares para crear una organización centralizada-)”.

Después de esto, de Ralito, de la (presunta) desmovilización paramilitar y de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe, a fecha de hoy hay en Colombia unos 10.500 hombres rearmados en bandas criminales (BACRIM) con la participación de 4.500 paramilitares que nunca se reinsertaron o que lo hicieron y reincidieron.

Iván Cepeda es senador en Colombia por el Polo Democrático Alternativo. Dirige desde el 2005 el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE- casualmente, el movimiento se constituyó el mismo día que se firmó la Ley de Justicia y Paz), que aúna a más de 200 asociaciones que de una u otra manera se han visto afectadas por el conflicto colombiano y luchan por la restitución de los derechos humanos en el país. El padre de este senador, Manuel Cepeda, fue miembro de la “extinguida” Unión Patriótica y asesinado en el año 1994 “por un operativo conjunto de militares y paramilitares”. El pasado verano, el Estado colombiano reconocía públicamente los hechos y pedía perdón a Cepeda. 



¿En qué consiste la labor de denuncia que lleváis a cabo desde MOVICE?

Hay que tener en cuenta el proceso que hemos estado viviendo en los últimos años en Colombia. Se trata de un proceso de una profunda lucha y contradicción en torno al tema de la justicia. La intención del gobierno de Uribe era generar un proceso de amplia impunidad a partir de un pacto con los paramilitares (hecho antes del gobierno y no durante). 

Con el pacto de Santa Fe de Ralito estos dos actores (gobierno y paramilitares) llegaron a un acuerdo con dos puntos básicos: los políticos le garantizaban a los paramilitares una ley de impunidad, mediante la cual pudieran llegar al Parlamento, y a su vez estos grupos se comprometían a conseguir votaciones cuantiosas para estos políticos en muchas regiones del país.

La Ley de Justicia y Paz no tuvo el éxito en el Parlamento que el partido de Uribe esperaba y desde la  oposición impusimos muchas trabas para su aprobación. También la presión en la calle fue muy fuerte y lo que Uribe pensaba que sería un proceso fácil y sencillo se comenzó a enredar. Primero en el Parlamento, después con el control  constitucional de la ley y por último con en el nacimiento de lo que se llamó la “parapolítica en Colombia”. Comenzó un proceso de investigación de los congresistas y la Corte Suprema de Justicia tomó la decisión de iniciar procesos. El propio primo del presidente se vio implicado. Junto a él, un tercio del congreso aparece imputado en la actualidad. Los movimientos sociales como MOVICE son los principales impulsores de estos logros. 


¿Cómo valoráis la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras que entrará en vigor el próximo mes de Enero?


El que hoy exista una ley con ese título en Colombia es una conquista de las víctimas. No es una concesión del gobierno. El Gobierno ha querido presentarlo como un triunfo propio pero la verdad es que Santos formó parte de la coalición de Uribe, que fue esencialmente antivictimas. ¿Por qué se llega a una ley de esta naturaleza? Porque hay una gran presión social y el Gobierno ha decidido tratar de saldar esta deuda inmensa de una manera sencilla y barata.  

Con un gran show mediático presenta el presidente la ley en el Parlamento pero omite la letra pequeña que elimina su poder transformador. Para empezar, es una ley de reparaciones, no es de verdad y justicia. Y si es reparación, es sólo administrativa. Además depende de una voluntad total del Gobierno y no parte del diálogo con las víctimas. No es cierto que esta ley haya sido objeto de un debate democrático en el que las víctimas hayamos podido decir qué queremos y cómo lo queremos. 

Por otra parte, se plantea como principio de reparación que sea el erario público el que asuma todos los gastos. Que sean los impuestos de los ciudadanos los que carguen con la reparación. No puede ser que el Estado renuncie a perseguir los grandes capitales, las tierras de los criminales que se han lucrado de todo este desplazamiento y de toda esta guerra. 

En segundo lugar, reduce rápidamente los alcances de la reparación incluyendo un principio que es el de “Sostenibilidad Fiscal”.  ¿Qué significa eso? Significa que toda norma tiene que ajustarse a lo que el Gobierno considera que es adecuado al presupuesto nacional. 

¿Y quién define el presupuesto? El Gobierno. Ellos deciden lo que se destina a cada rubro y lo que privilegia es el presupuesto de guerra, los subsidios a las grandes compañías y banqueros. En el último lugar están la educación, la salud y las víctimas. Por ejemplo, el Gobierno dice que va a invertir 6 billones de pesos este año para las víctimas pero en realidad, si lo estudias de forma detallada, son 2 billones de pesos para la reparación. Sin embargo, para el sector de defensa, se consagran 20 billones de pesos. Es decir, una cantidad mucho más significativa. 

Hay diferencia entre reparar a alguien y asistirlo humanitariamente. La asistencia es una ayuda puntual que no resuelve un problema de fondo sino que de manera temporal alivia una condición…Un proceso de reparación es otra cosa. Tiene un carácter  permanente. No busca sólo el alivio temporal  sino la solución profunda de los problemas causados por la violencia. 


Se acaban de aprobar algunos detalles económicos de esta ley. Por ejemplo, la cuantía destinada a la indemnización oscilará entre los 17 y los 40 sueldos mensuales mínimos por familia dependiendo de la situación que reclame (un sueldo mínimo en Colombia son 566.000 pesos, unos 250 euros). ¿Creéis que es insuficiente? ¿De dónde debería salir el dinero para la reparación si no es del erario público?


No es cierto que cada familia vaya a recibir tales indemnizaciones. Se van a descontar otras partidas: educación para los hijos de las víctimas, que se construya una carretera en el pueblo en el que viven…Es decir, las funciones que debe cumplir el Estado, no para las víctimas sino para todos los ciudadanos. 

No es posible que estos ciudadanos tengan que pagar una reparación cuando hay un grupo de paramilitares, de terratenientes, de empresarios que todos nosotros sabemos quiénes son y dónde están sus bienes robados, que gocen de impunidad y que sean intocables. El Estado dice que no tiene las herramientas ni el poder necesario para lograr que todos estos bienes sean restituidos pero nosotros creemos que se trata de una falta clara de voluntad política. 

Si el Estado es tolerante con los criminales y la corrupción, ¿cómo va a conseguir recursos? Sólo queda, claro, recurrir al presupuesto nacional. 

El segundo asunto es, ¿con qué criterio hay sostenibilidad fiscal en Colombia? No hay ningún tipo de escrúpulos ni de miramiento cuando los banqueros lanzan un S.O.S y piden subsidios del Gobierno. Nadie dice nada. El Ministro de Hacienda no saca entonces la calculadora. Sin embargo, cuando se habla de las víctimas el comportamiento es totalmente distinto: “es demasiado costoso, esto va a significar la bancarrota de las finanzas públicas…” Etc, etc. La Ley de Víctimas es una pequeña isla en un océano de dificultades.


En estos momentos no hay un censo oficial sobre la posesión de tierras en Colombia y en el 60% de la propiedad rural no existen papeles que demuestren la existencia de títulos de propiedad. ¿Cómo se va a llevar a cabo entonces la restitución de los 6 millones de hectáreas  que ha prometido el Gobierno con esta ley? ¿Basta la promesa oral de las organizaciones campesinas?


Este es otro de los aspectos en discusión. En primer lugar, nosotros consideramos que es muy saludable que se haya planteado el tema de la restitución de las tierras pero se hace con un criterio muy limitado. Colombia es uno de los países del mundo con una distribución de la tierra más inequitativa. El índice de concentración del suelo muestra que el 1% de los propietarios concentra el 80% de la tierra.  Y de ese 1%, muchos de los propietarios son gente que ha estado ligada al proyecto paramilitar.

Por ejemplo, se habla de que en los últimos 20 años en Colombia, más o menos entre 6 y 14 millones de hectáreas de tierra han sido usurpadas a los campesinos. En este sentido, hay un señor que es un jefe paramilitar y narcotraficante que nunca ha sido tocado de forma seria y nunca se desmovilizó. Es el señor Víctor Carranza. Él controla un imperio que se extiende por 11 departamentos del país y tiene más de un millón de hectáreas de tierra que no ha conseguido de forma lícita. La pregunta es: ¿por qué el Gobierno no le hace una extinción de dominio sabiendo eso?.

¿Se quiere hacer restitución? Perfecto. Que se arrebaten las tierras a quienes las han conseguido ilegalmente. En este sistema hay muchos defectos. Uno de ellos es la creación de la figura del “tenedor de buena fe”.  Es decir, una persona que habiendo adquirido una tierra objeto de despojo, se presume que lo hizo sin saber la procedencia del objeto de su negocio, cosa bastante improbable, ya que comprar un pedazo de tierra no es como comprar un celular robado en una esquina de la ciudad. 

La figura del tenedor de buena fe le permite a empresarios y terratenientes en la Ley de Víctimas, que esa presunción les ofrezca la posibilidad de quedarse legalmente con la tierra o de mantener los cultivos que tengan en dicha tierra a cambio de pagar un insignificante arrendamiento a los verdaderos dueños. Va a haber un proceso de legalización del despojo. 

Por otra parte, si atendemos el lado de las víctimas nos encontramos con un proceso muy complejo. Sí hay unos Bancos Estadísticos que el Estado elaboró durante años. En esos Bancos figuran nombres de personas que eran dueñas de esas tierras. El problema es qué va a pasar con toda esa información. ¿Cómo se va a dar el paso de esa antigua institucionalidad a la nueva? ¿Cómo van a poder actuar los campesinos?. Tal y como se plantea este proceso de restitución parece que de un lado van a estar los terratenientes con grandes bufetes de abogados y de otro lado los campesinos sin protección legal y sin poder respaldar su versión salvo con su palabra. Vamos a tener escenarios legales y jurídicos muy desiguales. 

¿En qué va a consistir el proceso de restitución entonces? Básicamente, los campesinos van a acabar con tierras que no son las propias dejando que permanezca el derecho de superficie: que los que están explotando la tierra la sigan explotando. La gran mayoría de las personas que obtengan restitución van a obtener o bien unos terrenos baldíos de la nación de muy mala calidad, o bien unos títulos que van a poder ser negociados y que les van a entregar una mínima parte de lo que significa el valor de su tierra. 

Después de todo esto, un último apunte. El gobierno de Santos se propone entregar en concesión a las empresas mineras y petrolíferas más de 39 millones de hc de tierra. Mientras que por una parte ofrece 6 millones de hc en restitución, está pensando entregarle la mitad del país cultivable a los grandes monopolios. La pregunta es: ¿cómo puede hacer compatible esta política supuestamente revolucionaria con un modelo tan dañino para el país?


Por otra parte, se está llevando a cabo una reforma de la justicia en el país que está siendo muy debatida en el Congreso. El gobierno de Santos prevé la ampliación de las competencias de los fueros militares, el aumento de 7 billones de pesos del presupuesto nacional para el Ejército y la creación de una “Súpercorte” que dejaría en un segundo plano decisorio el papel de la Corte Suprema… ¿Cuál es tu valoración al respecto?


Es un gran pasaporte como nunca lo habíamos visto en Colombia hacia la impunidad. ¿En qué consiste? Durante las últimas décadas, logramos reducir el fuero militar a sus justas proporciones: que los militares sean juzgados por militares sólo cuando los hechos delictivos se hayan cometido en actos de servicio propiamente dicho. Los crímenes de lesa humanidad, los genocidios y los delitos no son parte de ese servicio militar y por lo tanto son los jueces civiles quienes deben juzgarlos. 

Este gobierno se ha inventado un argumento extraordinario: que los civiles no conocen la complejidad de las operaciones militares y por lo tanto juzgan de una manera bastante ligera cometiendo graves injusticias.

La reforma hace un giro sutil: toda operación militar y policial se presume como acto de servicio. Quien juzga a un militar ante una Corte Militar es su superior, es decir, regularmente quien ha dado la orden de la misma operación. Así se destruye un principio elemental de justicia: la independencia. De esta forma, todos los militares que hemos conseguido llevar a las cárceles por crímenes de lesa humanidad pueden quedar automáticamente bajo la competencia de la justicia militar, quedando muchos de ellos en libertad. 

La lectura entre líneas es la siguiente: el Gobierno tiene una intención clara de recrudecer la violencia en el conflicto. 


Y en cuanto a la “Súpercorte”… ¿Qué significa? Muchos opositores de esta medida denuncian que se trata de un acto de represalia ante la Corte Suprema por las sentencias condenatorias por parapolítica a un tercio del Congreso…


Eso es una aberración. Es en primer lugar una revancha del Congreso con relación a los juicios que ha levantado la Corte Suprema. 

Y en segundo lugar, ¿en qué consiste la “Súpercorte”? En que se elegirán 2 miembros del Poder Ejecutivo, 2 miembros del Congreso y 2 miembros de las Cortes para juzgar a funcionarios de alto nivel. No hay que ser adivino para entender que los delegados del ejecutivo y del  legislativo en esa Corte puedan formar mayoría. No hay ninguna garantía de que esa instancia realmente administre justicia, más bien parece que se va a convertir en un órgano de impunidad. 


El pasado mes de octubre se aprobó el último Tratado de Libre Comercio entre Colombia y EE.UU suprimiendo los aranceles para la importación del 82% de los productos norteamericanos. ¿Cómo va a influir este nuevo acuerdo en la economía del país y en el desarrollo de los productos colombianos?


Con estos tratados se produce la debacle económica para el país. Los campesinos y los productores agrícolas de países como EE.UU o la UE son campesinos que cuentan con subsidios para su actividad. Los nuestros no cuentan con ninguna clase de ayuda del Estado, más bien al contrario, se les plantean muchas dificultades. 

No estamos preparados para competir internacionalmente. Además, hay que sumar que Colombia es un país con conflicto armado. Eso hace que nuestra economía y capacidad productiva sea limitada y precaria.
Con estos TLC asistimos a una pauperización del campo. Hay regiones donde existe una tasa de pobreza del 80% de la población. Además, conlleva la destrucción de pequeños campesinos y agricultores. En estas condiciones tan inequitativas va a ser muy difícil cualquier tipo de supervivencia, sobre todo en el contexto de recesión económica a nivel mundial en el que vivimos.


¿Se incentiva de esta manera el cultivo de coca, un negocio que vende el kilo de pasta base a 1.000 dólares?


Es evidente que muchos campesinos que han vivido de desplazamiento en desplazamiento tras lo que se ha llamado la “ampliación de la frontera agrícola”, han visto en la coca la única forma de sobrevivir y de hacer sostenible su situación. 


¿Cómo se garantiza la legitimidad del gobierno de Santos teniendo en cuenta que él era Ministro de Defensa en el anterior gobierno, cuando conocimos el escándalo de la parapolítica colombiana? ¿Y cómo se explica el cambio de postura con países fronterizos como Venezuela o Ecuador respecto a la actitud mantenida por su antecesor Álvaro Uribe?

  
Sin lugar a dudas Santos tiene responsabilidad con todo lo que ha ocurrido en el gobierno anterior, pero entiende perfectamente las realidades políticas y económicas del mundo actual. Por supuesto desde su perspectiva, pero las entiende, y tiene la visón de una América Latina blindada ante la catástrofe económica en la que está entrando el capitalismo a nivel mundial. Ha adoptado una postura de supervivencia.
Más allá de cualquier consideración diplomática…lo que vemos son designios muy concretos sobre cómo protegerse de este tsunami de la crisis de la economía mundial. 

Santos está entendiendo que hay que asociarse a gobiernos con los que no tiene ninguna  afinidad ideológica pero sí un propósito que puede ser común. 


¿Crees que la paz en Colombia ha de pasar por un proceso de diálogo con la guerrilla?


Es necesario un diálogo y una agenda hacia la paz. Este es un problema internacional. El conflicto colombiano ha sido utilizado como un pretexto para la intromisión en América Latina, es un factor permanente de inestabilidad en las fronteras, se convierte en un pretexto para estigmatizar a la izquierda colombiana… No solamente es deseable sino imperativo que Colombia aborde este proceso. 


¿Y qué hacer con los grupos paramiliatres-BACRIM que están vigentes hoy en día?

Los paramilitares son un aspecto de este conflicto, pero son un aspecto derivado. El Estado colombiano ha querido ponerle a esta mesa más patas de las que son. Esta mesa es de dos patas esencialmente: el Estado y sus fuerzas militares con las fuerzas que ha creado ilegalmente (paramilitares); y de otro lado, quienes se le oponen. 

Tratar de mostrar a los paramilitares como una fuerza en contra del Estado es un absurdo. Eso fue lo que hizo Uribe. Los paramilitares son una creación estatal en Colombia. Cuando se acabe el conflicto hay una probabilidad muy grande de que desaparezcan los paramilitares por sustracción de materia. 

No creemos que deba haber una negociación, como ha querido plantearse, entre estas bandas criminales y el Estado. No creemos que sea una negociación admisible porque básicamente no hay mucho que negociar.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Suspiros de cambio (¿hacia...?)


“Que paren el mundo, que yo me bajo”. Palabras de la niña adulta más famosa de Quino. Irreverente. Como Caracas estos días. Que no para, más bien al contrario. Los que paran son sus trabajadores públicos, a los que Chávez ha dado hoy el día libre. La ciudad, habitualmente llena de colas de coches que tardan horas en llegar al trabajo intenta liberarse para recibir a los 33 presidentes latinoamericanos que se reúnen estos días en la capital venezolana. Es fácil ir en carro en un país en el que llenar el depósito cuesta 40 céntimos de Euro…mucho menos que el presupuesto destinado a la reunión de la CELAC (Confederación de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que prevé gastar cien millones de Bolívares Fuertes (unos 25 millones de dólares) de las arcas públicas venezolanas, el triple del presupuesto anual destinado para las Fuerzas Armadas del país que habitualmente se lleva la mejor porción: el 60% del total.  La cita tiene lugar hoy y mañana en Caracas. 

La idea de la CELAC nació a principios de 2010 en Cancún (México) tras la Cumbre del Grupo de Río. Se trata de una iniciativa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para “ampliar la trascendencia indiscutible de la ALBA” y para “dejar atrás a la vieja y desgastada Organización de Estados Americanos (OEA)”.  Durante estos dos días la idea tratará de cobrar forma. 

A Caracas no están invitados ni EE.UU ni Canadá. Críticas. Pero los críticos no hablan de otras cosas, de un poco de historia. No hablan de 1962 y de la decisión unilateral estadounidense de dejar fuera de la OEA a Cuba, no hablan del magnicida Plan Cóndor ni de la crisis de Bolivia del año 2008, solucionada por los países de América Latina y por nadie más. 

Cuadro-regalo de Hugo Chávez ("pintado por él mismo") a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ayer en Miraflores.

 Aunque la cita oficial no empieza hasta hoy, durante toda la semana han comenzado a desfilar los presidentes y cancilleres por la ciudad. Grandes comitivas de ministros, asesores, delegados, guardaespaldas…trajes oscuros, coches Mercedes Benz  con cristales off, corbatas y walki talkies amparados por más de 10.000 efectivos de seguridad venezolanos que velarán estos días para que todo transcurra con normalidad… Eso, normalidad a-segurada,  a pesar de la convocatoria de protesta para esta tarde, cacerola en mano, por parte de la oposición y a pesar de una tasa de homicidios oficial (48 por cada 100.000 habitantes) que coloca al país caribeño entre los tres más violentos de Iberoamérica.

El mandatario más tempranero fue Juan Manuel Santos, que vino, se fue y ha vuelto. Vino en visita express el lunes y se reunió con Chávez en Miraflores para tratar “asuntos de importancia bilateral”. Gloriosos acuerdos de Santa Marta, bautizo de la época post-Uribe… Principio de escepticismo ciudadano y gestos origen de debates en corrillos dentro de una y otra frontera. 

Santos llegó al palacio presidencial subido en una camioneta blanca FORD EXPLORER. La última vez lo hizo en un BMW oscuro y él y Chávez condujeron por el centro de Caracas. El lunes había premura y cambiaron el volante por sendos himnos nacionales que sonaron oficialistas tras el apretón de manos de rigor. A Santos lo esperaba el presidente venezolano con un traje Lanvin de 20.0000 dólares y una corbata roja de seda en el patio principal de Miraflores. Las fotos de los periodistas sacaban las ventanas de historia de un Palacio disparado en el 2002. Agujeros que no se cambian.

La jornada fue árida, aburrida y decepcionante. Un día entero dentro de Miraflores da para cultivar la amistad con periodistas de todos los continentes y para desengañarte tras las entrevista de dos presidentes con una historia cargada de antecedentes delicados. El día anterior prometieron “tratar todos los temas álgidos” que incumben a sus países y la expectación era máxima en la sala de prensa. Sin duda, había mucha actualidad por la que preguntar: Timochenko, guerrilla, conflicto, paramilitares, últimos fusilados en Colombia, biografía no autorizada sobre Uribe y el narcotráfico, tejes y manejes gubernamentales. En definitiva, multitud de cuestiones interesantes y necesarias que se ahogaron en un eterno sinfín de firmas que autorizaban tratados de libre comercio que no se llegaron a explicar… Y no se explicaron porque preguntas, no hubo. Prometieron cuatro y se formaron corrillos de periodistas intentando priorizar la selección. Falsa alarma. Ya es tarde. A casa sin respuestas. 

Santos y Chávez el pasado lunes en Miraflores.

 De lo que sí se habló (sólo de forma oficialista tras la mesa principal de la Sala Ayacucho y bajo el cuadro estandarte de Simón Bolívar) fue de la detención de Maximiliano Bonilla, “el Valenciano”, jefe de Los Paisas, “uno de los narcotraficantes más buscados de Colombia”. EE.UU ofrecía 5 millones de dólares por su cabeza y las fuerzas de seguridad venezolanas lo detuvieron la noche anterior a la cita con Santos en Maracay, en el Estado Aragua.  La noche anterior. Coincidencias, o “felices coincidencias” como señaló el presidente venezolano. 

Ambos mandatarios dedicaron  gran parte de sus respectivas intervenciones en agradecerse mutuamente su colaboración contra el “terrorismo y el narcotráfico”. Chávez se esmeró en repetir varias veces: “No vamos a permitir la violación de nuestra soberanía por ningún grupo ni por ningún personaje como este. Hacemos todo lo que está en nuestra mano para que desde Venezuela  no se conspire contra Colombia” Y metió en el saco todos los puntos calientes: “narcotráfico, guerrilla, grupos paramilitares, terroristas”.

“Narcoterrorista” es desde hace casi tres meses Amílcar Figueroa, ex presidente del Parlamento Latinoamericano y ex diputado del PSUV en la Asamblea Nacional de Venezuela.  O al menos así lo decidió el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro de EE.UU que en septiembre incluyó en su “lista negra” a Figueroa (por el cual ofrecían 500.000 dólares) y a tres venezolanos más relacionados con el gobierno de Chávez. Los medios de comunicación iberoamericanos comenzaron a sacar sus fotos en sus informativos de televisión y a hablar de ellos como “poderosos chavistas, nuevos capos de la droga”. Pero de ellos no hablaron con los periodistas Santos ni Chávez como tampoco lo hicieron de Julián Conrado, guerrillero de las FARC detenido desde hace seis meses en los calabozos de la Dirección General de Inteligencia Militar de Caracas, esperando en stand by  extradición o asilo político.

Cuando comencé a preparar la entrevista con Figueroa me di cuenta de que era un asunto delicado. Sus intermediarios te piden que no menciones su nombre por teléfono. Pinchazos. Y las conversaciones siempre son breves. La entrevista se hace en un lugar privado, una editorial donde ahora trabaja el ex diputado, y la privacidad brilla por su ausencia. Preguntas y respuestas escuchadas por tres o cuatro “asesores” que lo acompañan a todas partes. 

Su historia se remonta al año 2009, cuando un juez colombiano ordenó su detención acusándole de varios delitos que lo relacionaban con las FARC siendo aún presidente del Parlatino: “financiación del terrorismo, entrenamiento de grupos ilegales y delitos con fines de secuestro”.  Colombia lo colocó en primera línea de la polémica, catalogándolo como “uno de los principales contactos en Venezuela con los jefes guerrilleros”. La causa se archivó por falta de pruebas. 

Lo que no se archivó fue la “Circular Azul” emitida por la Interpol. Ubicación controlada permanentemente: stop in Venezuela antes y ahora. Fronteras muy bien señaladas para este político con vocación de escritor que alega estar convencido de que quien le ha señalado son “Estados que proceden de forma gansteril y no respetan el Derecho Internacional. Estados que no van contra mí sino contra el proyecto político de Venezuela”.

Amílcar Figueroa.

Amílcar Figueroa militó en el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) durante los años de la guerrilla. “¿Y en algún otro grupo, dentro o fuera de tu país?”, “No”.
Le pregunto cuál es su relación con las FARC.  Sonríe y muestra sus incisivos levemente separados que le dan cierto aspecto de roedor bonachón. Imagino a Jerry Mouse traficando con droga y casi me rio en mitad de una entrevista seria.  Su respuesta es aséptica y ambigua: 

“Yo no tengo prejuicios, soy un revolucionario que respeta todos los caminos de lucha sin priorizar ninguno en particular. Todo Estado es expresión de una correlación de fuerzas, de una forma de ejercicio de la dominación. Si ese Estado cierra las puertas al desarrollo político democrático no veo por qué estigmatizar a quien le enfrente”. 

Con quien sí tuvo relación y amistad fue con los conformantes de la Unión Patriótica de Colombia en 1985. La UP era el brazo político de las FARC. Murieron casi todos misteriosamente durante los años sucesivos y con ellos murió el proyecto de este partido. 

Figueroa apuesta en el caso del conflicto colombiano “por la solución negociada a través del diálogo” y cree que la muerte de Alfonso Cano “ha sido un golpe muy duro porque él estaba apostando muy fuerte por la solución política”. 

En este sentido, prefiere no hacer una valoración sobre la elección de Timochenko como nuevo jefe de la insurgencia colombiana (“eso son decisiones internas que respeto”) y cree que las acusaciones que pesan sobre Venezuela, país señalado por acoger en su territorio a Iván Márquez, miembro del Secretariado de las FARC y candidato junto a Timochenko para sustituir a Cano, “son un intento de EE.UU y de la inteligencia colombiana de estigmatizar al gobierno de Chávez. Se trata de una campaña mediática”.

La nueva relación de Venezuela con Colombia no pasa inadvertida para nadie. No lo hace para Figueroa ni para los 33 mandatarios latinoamericanos que se están dando cita en Caracas en estos momentos. “¿A qué se debe esta nueva “amistad”? ¿Es interesada?”, pregunto.Y responde:

“El ambiente electoral convulso que ya vive el país y la reunión de la CELAC son las causas. El encuentro de estos días obliga a Chávez (impulsor del mismo) y a Venezuela a mantener una política de consenso con todos los países participantes, algo que no será fácil con el caso de Colombia. Santos viene y firma acuerdos pero nada es gratis. Quiere cosas a cambio y seguramente presionará al gobierno de Venezuela. Se trata de una estrategia non-santa”. Sonríe y yo pienso en los últimos meses: Joaquín Pérez Becerra, Julián Conrado, el “Valenciano”, Amílcar Figueroa.

Este ex diputado y ex presidente de Parlamento ya no tiene inmunidad diplomática. El pasado año hubo elecciones para elegir a los nuevos 165 diputados de la Asamblea Nacional venezolana. Figueroa obtuvo el mayor número de votos pero su nombre no apareció en las listas. Políticas de Estado. O de “un discurso político sin saliva” que cantará Calle 13 mañana para clausurar la Cumbre.

martes, 15 de noviembre de 2011

"...como caballo, iguana, pez o mariposa..."





François Makandal fue un esclavo africano. Un guerrero. Un líder rebelde y un recuerdo.  “El recuerdo de la madre patria en el Haiti colonial francés”. Luchó con veneno que extraía de las plantas contra los dueños de las haciendas y contra las autoridades coloniales. Los mismos que le hicieron perder un brazo y le quemaron en una hoguera pública mientras miles de haitianos observaban “cómo Makandal se transformaba en pájaro y comenzaba su vuelo hacia la libertad…”. 

“Después lo vimos reaparecer en Haití convertido en mariposa, en caballo, en iguana…”. Erly Ramírez me termina de contar esta historia que me creo hasta que el desfile de animales empieza a dibujarse inverosímil en mi cabeza y su sonrisa me hace pensar en metáfora (o en fábula) muy bien escogida. Ramírez es actor, dramaturgo, bailarín y el director de la Compañía Makandal, una “escuela experimental de las artes para personas con discapacidad y sin discapacidad” ubicada en Maracay, una ciudad del Estado de Aragua a un par de horas de Caracas.

“Cuando me gradué comencé a trabajar con jóvenes con Síndrome de Down y un día decidí luchar a través de la música, la danza y el teatro por su integración total y absoluta; por la credibilidad de un bailarín con cualquier tipo de discapacidad: sordos, ciegos, down, autistas…Sin lástimas. Un alumno sordomudo puede ser percusionista y otro con déficit cognitivo interpretar a la perfección un texto de García Lorca. Todos ellos salen de aquí convertidos en profesionales”. Me cuenta Erly cuando le pregunto qué es Makandal. 



Cuando llego al número 29 de la calle Coromoto, en la Urbanización Calicanto, hay ambiente de fiesta en el patio de entrada de la Escuela. Mamás, papás, abuelas con “ponquecitos” de chocolate en las manos, niñas vestidas con maillot rosa chicle y decenas de instrumentos apilados bajo la pizarra que cuenta en rotulador azul qué clases tiene el día: Historia del Arte, Francés, Expresión Corporal, Danza Contemporánea, Iluminación y Sonido… Todo, de una a nueve. 

Empieza a llover. Más bochorno. “Caracas es más fresco, ¿no?”, me dice una señora que me adivina forastera y a la que pregunto qué se celebra mientras me ofrece una taza de café guayoyo. “La Escuela está de aniversario”, me dice. “Cumple seis años”. 

Dentro, sentados en el suelo bajo las paredes blancas recién pintadas, hay un grupo de niños que empaca ropa en cajas de cartón y otro que repasa interpretado un texto que desconozco. “Es La Caja de los Sueños”. Erly aparece en el hall para recibirme: “Es un montaje que ha hecho la Escuela para conmemorar su sexto aniversario. La representamos mañana por la tarde en el Ateneo de Maracay…participamos con ochenta alumnos. Una locura onírica acerca de los deseos de cada uno de ellos…”. 

Junto a él aparece Yesidel, una adolescente a la que calculo unos 14 años, y comienzan a hablar en el lenguaje de signos. Yesidel le pregunta a qué hora es el ensayo general del día siguiente. “A las cinco”, responde Ramírez antes de presentarme: “Ella es Esther”. Y me bautiza: después de colocar la letra “E” doblando hacia dentro las falanges de los cinco dedos de su mano derecha, se toca el labio inferior con la izquierda. Ya tengo nombre. Inicial “E” más un rasgo que te caracterice. En mi caso, el piercing, que por aquí tanto llama la atención. “Aunque te lo quitaras, ya te quedarías con ese nombre”, me dice ella.

Y yo me entero de la conversación por la traducción simultánea del profesor. Tengo ganas de hablar con Yesidel y no puedo sin pedir ayuda y tiempo. Me siento incapacitada y absurda bajo un techo donde todo el mundo se entiende y me pregunto si todos los docentes están preparados para cada una de las circunstancias físico-mentales tan diversas con las que se presentan los alumnos. Es decir, ¿todos hablan lenguaje de signos?, ¿todos saben cómo tratar a un niño autista, a otro con parálisis cerebral, a otro que no ve los pasos de baile que dicta el profesor?  Y… ¿todos los alumnos acuden juntos a una misma clase?, ¿hay algún tipo de separación?



“Cada año, antes de que empiece el curso, los profesores hacemos talleres de formación y capacitación para atender todas las necesidades de los chicos. En cualquier caso, previamente, las profesoras especialistas en Educación Especial hacen una evaluación diagnóstica de cada uno de ellos para saber cuáles son sus habilidades potenciales, sus aptitudes, y en base a eso hacemos un plan de actuación. Pero sí. Van todos juntos a clase. Bien mezcladitos- sonríe guiñándome un ojo-. De eso se trata. Por eso somos vanguardia. Es inclusión”, me recuerda Erly.

Makandal tiene 25 profesores y 170 estudiantes desde los dos hasta los cuarenta años.  Lleva funcionando seis años aunque sólo cuatro en la sede de la calle Coromoto. Durante los dos primeros ensayaron en una cancha de tierra hasta que el gobernador Rafael Isea les otorgó la financiación necesaria para alquilar el edificio del número 29. Ahora, el objetivo a largo plazo es crear una Red de Escuelas Makandal que contemplen la misma mecánica que ésta: una carrera de siete años de formación tras la cual, los alumnos puedan entrar a trabajar en diferentes Institutos Culturales del Estado.  Son pioneros y únicos en Venezuela.

Su mayor orgullo se produjo el pasado 20 de Febrero en La Cumbre-Córdoba, Argentina. Allí se celebró el XXXVII Congreso Interamericano de la Danza y la VII Cumbre y Concurso Interamericano y Mundial de la Danza, y por primera vez en la historia, un bailarín con parálisis cerebral participa y obtiene el premio a “Bailarín Revelación” y “Primer premio en Interpretación”. Es Sweendell Tineo, tiene 25 años, y está en el patio de la escuela abriendo la puerta a todos los que llegan para soplar velas Makandal.  “Cuando era un niño, un médico le dijo a su familia que nunca podría caminar. Con él hemos aplicado la técnica Butoh. A través de este tipo de danza que conmemora la búsqueda de un “nuevo cuerpo”, Sweendell ha conseguido su plástica, su interpretación y su puesta en escena”. 

Erly (izq) y Sweendell (dcha)

 Y Sweendell camina. Y se acerca. Y me da un beso. Y nos hacemos una foto que yo le pido con nervios de fan improvisada. Y me habla con el lenguaje de signos porque también es sordo, pero me entiende todo lo que le digo, lleva la iniciativa de la conversación (que yo sigo a través de las manos de Erly) y se acuerda de que ya nos habíamos visto hace un mes en Caracas, cuando le conocí interpretando “ZU” en el Museo Afroamericano.  “No tiene ningún problema cognitivo. Su reto es puro físico”, me aclara Erly con su voz y con sus manos. 

En la clase del fondo suena “La donna e movile” de Giuseppe Verdi. María Alejandra es la profesora de Danza Clásica. Un grupo de diez niños mira sus movimientos en el espejo-pared del aula. 

“Lo que hago para dar clase es partir desde el juego y desde la creatividad de ellos mismos. Quiero que ellos sean. Empiezo con juegos didácticos a los que poco a poco voy incorporando el movimiento, la expresión corporal para la formación dancística”, me explica. 

Maria Alejandra está trabajando con un grupo de nueve bailarinas down entre 18 y 42 años a las que está formando para colocarse en puntas. Hasta el momento sólo hay una bailarina en el mundo con estas características que es capaz de hacerlo, se llama Alicia Favaro y es brasileña. 

“Aunque no lo creas, los down tienen muchísima flexibilidad corporal. Es más, son hiperflexibles. Mucho más que tú y que yo. Lo que hay que trabajar es el peso, el acondicionamiento de las piernas, los tobillos, las rodillas y la coordinación musical. Llevamos un año trabajando con este grupo y creo que podrán estar listas para el próximo curso.  Es un trabajo que les está exigiendo mucha disciplina, una disciplina que les sirve a su vez como terapia ocupacional. Esa es la filosofía de la Escuela”. El grupo ensaya los lunes y los miércoles de tres a cinco de la tarde. Siempre puntuales, y disciplinadas, como un reloj. 



Cuando Makandal cierra sus puertas, subo con Erly, Maria Alejandra y tres profesores más a la azotea a tomar unas cervezas. Seguimos hablando de técnicas. Y de terapias. Y de la fusión entre las necesidades de un discapacitado que exige un tratamiento de fisioterapia, o del lenguaje, con las prácticas de voz, dicción y expresión corporal que ofrecen el teatro y la danza.  Es un ejemplo. Es una mezcla entre lo clínico y lo artístico, lo emocional frente a lo pedagógico, un medio para un fin que termina siendo hiper-reconvertido. Siendo un mucho más, sin tabúes. 

Seguimos tomando cervezas y hablando de cuentos dos o tres horas hasta que algún vecino chista a través de su ventana…

domingo, 13 de noviembre de 2011

De Reagan a Obama pasando por Merkozy.


Bruno Renaud lleva más de cuarenta años trabajando en Petare, un conjunto de barrios al este de Caracas con más de un millón y medio de habitantes. Con él reflexionamos sobre esta parroquia caraqueña y sobre el devenir de Venezuela, de América Latina y del mundo, gran parte de él, sumido hoy, en un modelo en crisis:


http://soundcloud.com/eyanezillescas/montaje-bruno-5-b-1

domingo, 6 de noviembre de 2011

"Allendiando"




Julián Conrado canta cuando le preguntan por las decisiones de su historia. Por la suya, y por la de Guillermo Enrique Torres, que es, pero no es lo mismo. O es suma: “Yo soy aquel, escuchen bien,  yo soy aquel indisignado/ que fue a la guerra pero porque fue obligado/por la avaricia y la infamia del invasor”.

“Alzado en canto” suena también en la sala de visitas de la Dirección General de Inteligencia Militar de Caracas donde Conrado permanece preso desde hace cinco meses. Lo visitan amigos y familiares y se habla cantando para hablar de política y de todo, porque en aquella sala, junto a los almuerzos envueltos en bandejas de papel  plata, las paredes oyen. Y graban. 

Julián Conrado tiene 57 años, lleva más de cuarenta militando en la guerrilla más antigua de América Latina, la perpetrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, y ha pasado media vida en las montañas. Fue miembro activo de las fracasadas negociaciones de paz de  El Caguán con el gobierno de Andrés Pastrana entre 1998 y el 2002, y por él, el Departamento de Estado de Estados Unidos ofrecía hace unos años una recompensa de 2,5 millones de dólares. 

“El cantor de las FARC” es el apodo que le acompaña porque “cuando recibo golpes, alzo la frente y canto”. Y canta tanto que tiene más discos que los Rolling Stones y cada historia la hace música. La última, la de la muerte del guerrillero venezolano Fabricio Ojeda, que murió ahorcado sobre una silla inmóvil y un vaso de plástico intacto.  “La he compuesto hace dos días”, nos dice. “A ver qué os parece”.  

El pasado 31 de Mayo, Conrado fue capturado en el Estado Barinas de Venezuela, al que había acudido por motivos de salud, en una operación conjunta de los gobiernos de Venezuela y Colombia. Este país lo acusa de “delitos como tráfico y porte de estupefacientes, extorsión y lesiones con fines terroristas”. 

“Nos metieron en un coche y nos secuestraron” me cuenta su mujer, Celia, a la salida del CGIM. “Después a mí me lanzaron del coche a la cuneta y se llevaron a Julián”. 

“Pasé siete días atado y con los ojos vendados sin saber dónde estaba”, nos había contado dentro Julián, “después me trajeron aquí- al CGIM-  y no pude hablar con ningún abogado hasta sesenta días después”. 

La Coordinadora venezolana “Que no calle el cantor” denuncia irregularidades en el caso Conrado y pide su asilo político al país. También el propio Conrado se lo ha pedido al presidente Chávez en una carta que se hizo pública en internet el pasado mes de Agosto: “Si Bolívar en Cartagena en vez de la mano solidaria y amiga que se le extendió, hubiera encontrado que lo apresaran y lo entregaran al Imperio español ¡COÑO! ¿De qué tamaño habría sido el dolor?”

Según esta Coordinadora, en su detención y posterior tratamiento del caso se violaron varios puntos del Derecho Internacional Humanitario. En primer lugar, la detención en Barinas se realizó “sin ningún tipo de orden judicial”, en segundo, “estuvo 66 días, desde el 31 de mayo, hasta el 5 de agosto, sin conocer la existencia de jueces, fiscales, abogados. Incomunicado. Siete días permaneció amarrado, vendado... Después de los 66 días logramos ponerlo   'a derecho'". Así lo explica en una entrevista a Radio Guiniguada, Tamanaco de la Torre, portavoz de esta Coordinadora. 

Por último, Que no calle el cantor explica que el Gobierno colombiano no ha hecho ninguna petición formal de extradición de Julián Conrado, ni durante los primeros sesenta días tras la detención, tal y como marca la ley, ni después. Por lo tanto “no existe un estado requiriente y no existe un estado requerido. No puede haber extradición”, concluye de la Torre.

En mitad de este “limbo” para Conrado, le pregunto cuáles son las últimas noticias que ha recibido del gobierno venezolano en torno a su petición de asilo. “No sabemos nada nuevo. Por el momento sólo hay silencio. Imagino que Chávez y Santos tratarán el tema durante su encuentro este mes en Caracas y a partir de ahí sabremos algo”. 

Después coge la guitarra y sigue cantando. Esta vez suena “Allendiando” que anima al Chile en la calle de estos meses de revueltas estudiantiles y de mucho más. Mientras lo escucho, con su camisa de cuadros, dos o tres cabezas más alto que el resto, bigote y pelo canoso, pienso en que Julián Conrado me parece más poeta que guerrillero, hijo de aquella época de las “canciones por necesidad”. Canciones de lucha y de protesta. Compadre de Silvio, de Víctor Jara y Alí Primera. Y él mismo lo reconoce: “Mi fusil es mi guitarra y mis balas son versos de calibre bolivariano…”

De Alfonso Cano se habla poco durante la reunión. Sólo Celia nos pregunta si nos hemos enterado. La conversación la cierra Conrado tajante: “Así es la lucha. Sabes a lo que te expones. Y si no lo intentas, ya has perdido”.